París 1993. La visita a la elegante capital francesa y como tocó el alma del conocido periodista nicaragüense, Edgar Tijerino.
El relato
Difícil, esa es apenas una definición sencilla del reto que significa, tratar de graficar la cabalgata de emociones que me atrapó mientras descubría -en compañía de mi esposa Auxiliadora- la grandiosidad de París.
Durante una semana que me pareció más prolongada que la eternidad, fuimos saltando de asombro en asombro, comprobando lo que nos dice Carlos Fuentes en su libro "El Naranjo": no existe futuro vivo con pasado muerto.
Es precisamente la posibilidad de realizar sueños, lo que hace la vida interesante, dice Paulo Coelho en "El Alquimista", y cuando Chilo y yo aterrizamos en París a eso de las 10 y 30 de la mañana en el vuelo de American, uno de mis sueños comenzaba a tomar forma y tener fondo: conocer París.
Londres puede ser arrogante, Nueva York impresionante, Barcelona un deleite, Roma majestuosa, Buenos Aires deslumbrante, Washington un sitio que vale la pena conocer, pero París es una ciudad fuera de serie, un verdadero amor a primera vista, una impresión capaz de sobrevivir a las embestidas del tiempo y el viento, o como diría Mandino, un reino donde el arco iris nunca desaparece, donde vemos venir las estrellas hacia nosotros.
París es la única ciudad del mundo en que toda fotografía, tomada desde cualquier ángulo y con el punto focal sin importar donde fijarlo, se convierte en una postal.
El Hotel Alison, conseguido gracias a las gestiones de Gabriela Villa, queda a sólo un par de cuadras de La Madelaine, una de tantas Iglesias-monumentos que obligan a desfilar turistas...El hotel, lo suficientemente cómodo, con un buen baño, y un personal amable con cierto dominio del español, fue nuestro cuartel en París.
Me permitía llegar caminando a la Plaza de la Concordia por un lado, a la Opera por otro, y si tomaba hacia la izquierda de La Madelaine, llegaba al Museo de Louvre...Si las piernas respondían, y las de Auxiliadora no flaquearon, podíamos salir al otro lado de la Plaza y continuar por los Campos Eliseos hasta el Arco del Triunfo.
Para ir más allá de todos esos sitios, estaba un metro muy funcional, con tarifa de 1.50 dólar, y enlaces que permitían salir bien cerca de cada una de las paradas obligatorias, ya fuera la Torre Eiffel, el Palacio de los Inválidos, la Iglesia del Sagrado Corazón, Notre Dame, el Barrio Latino con La Sorbona, el Pigalle o el Palacio de Versalles, que era lo más distante.
Y aquí estoy, caminando por los Campos Eliseos, confundido en la multitud que no tiene nada que ver con la Copa del Mundo...Vaya, que rápidamente descubro un McDonald a sólo dos cuadras del Arco del Triunfo. Seguramente Luis XIV, o Napoleón, o Robespierre, se hubieran detenido para comerse una hamburguesa con papas fritas y Coca Cola, pero en aquellos tiempos, no estaba el Lido, ese famoso centro nocturno de mayúscula atracción, ni los grandes restaurantes, ni el Planeta Hoolywood, ni las distribuidoras de Mercedes Benz, Peugeot y Citroen, ni las salas multicines con Titanic todavía al frente de sus carteleras.
Fue por el Arco del Triunfo, una construcción ordenada por Napoleón en 1806, que pasó el cadáver del Emperador en 1840 después de recuperarlo de Santa Elena, y donde en 1885 fue velado el cuerpo de Victor Hugo...Por favor Chilo, tómame una foto.
Créanlo si quieren. A ratos, se ven más taxis Mercedes Benz, de los últimos modelos, que Peugeot, Renault, Citroen. Incluso un carro como el del General Cuadra, un Peugeot 605, taxea por aquí...Como casi todo queda cerca, las carreras oscilan entre 30 y 40 francos, es decir 5 y 6.50 dólares. Esto, pese a que el arranque es de 2.50 dólares.
El Palacio de Louvre, residencia de Reyes, albergó el Museo desde 1793...La transformación definitiva del Louvre de Palacio a Museo, ocurrió en noviembre de 1993, justamente 200 años después de su apertura al público, y la primera impresión que nos obliga a frenar para disfrutarla, es la Pirámide de Pei. Las colas en las boleterías son largas y el costo de los boletos es de 10 dólares.
La mayor atracción turística es el cuadro de Da Vinci, La Gioconda, o Mona Lisa, que se encuentra en el Ala Denon muy bien protegida. Uno se pregunta, después de ver tantos cuadros fabulosos, que ¿Cómo fue posible fijar como número uno en el ranking a La Gioconda?, pero, profano yo en esto del arte, considero que mi opinión es tan pobre, como la de Da Vinci sobre Babe Ruth, Roger Maris y Mark McGwire...Una guía explica los secretos de la obra maestra de Da Vinci: el esoterismo, la sonrisa, los rasgos, el hechizo, la intriga ¿Quién fue la modelo?, y tantos etceteras.
¿Qué decir de La Venus de Milo?...Una escultura tan bella, que uno difícilmente se percata que le faltan los brazos, o La Victoria de Samotracia, o los cuadros de Rafael...¿Qué diablos estoy haciendo aquí en medio de tanta grandeza como una mosca en un delicioso manjar?. Sinceramente, me sentí como un estorbo.
¿Y el paseo por el Sena en un barco restaurante, acompañado de un teléfono que nos suministraba en español la descripción y la historia de cada uno de 32 puentes?.....Fue en ese Tour que descubrí la estatua de Santa Genoveva, quien con su fe inmensa, hizo desviarse hacia Orleans al temible Atila, Jefe de los Hunos, que venía encima de París al frente de 700 mil soldados.
En París, hay una historia detrás de cada piedra, alrededor de cada farol, o debajo de cada ladrillo...Eso es lo más impresionante.
En la Plaza de la Concordia, donde funcionó tan eficaz e implacablemente la guillotina durante la Revolución que terminó devorando a todos sus hijos, destaca el obelisco que procede de las ruinas del Templo de Luxor en Egipto cedido a Carlos X, y que su traslado tardó 4 años.
Nos explican que en ese sitio, en 1770, se celebró con fuegos artificiales el matrimonio de Luis XV con María Antonieta, que en 1792 se derribó la estatua de Luis XV y se convirtió en Plaza de la Revolución, que el 22 de enero de 1793 se instaló la guillotina para la ejecución de Luis XVI, y que más adelante cayeron 1,343 cabezas, incluidas las de María Antonieta, Danton y Robespierre...La Revolución que nos dejó los Derechos del Hombre, implantó un régimen de terror.
En la Concordia, Plaza adornada con una hermosísima fuente, converge la mayor cantidad de líneas de buses además de la estación de metro con tres cambios de dirección...Sus restaurantes y bares son menos costosos que los que se encuentran en los Campos Elíseos.
Otro asombro: La Torre Eiffel...El símbolo de París, una obra de Gustavo Eiffel realizada entre 1887 y 1889 con motivo de una Exposición Universal, parecía condenada al desarme una vez concluido el evento, pero sobrevivió con sus 7 mil toneladas de estructura metálica y 320 metros de altura, para convertirse en la mayor atracción turística de París.
Cuatro largas colas permanecen movilizándose todo el día, y los boletos tienen tres costos: uno para el primer nivel, otro para el segundo, y el más elevado, precisamente para ir hasta la cima y observar París...Está a la orilla del Sena y casi encima del Campo de Marte...Se llega rápido por bus, metro y obviamente por taxi.
Otro asombro: descubrir que desde la Iglesia del Sagrado Corazón, se tiene mejor vista de París que desde la cima de la Torre.
¿Cuándo cuesta comer en París?...Ah, la cuchara es muy buena, pero el producto muy caro...En el Restaurante Julio Verne al pie de una de las columnas base de la Torre, el Plato del Día anda por los 50 dólares, con todas las extras...Yo prefería ir, de vez en cuando, al Planeta Holywood, con precios más accesibles, pero comida tipo americana, y más a menudo, a un Quick, un Chilis, o un McDonald...Mi profundo agradecimiento, a ese abierto apoyo que para todas mis gestiones, brinda TEXACO.
Fue Enrique IV quién dijo, con un chispazo de su agudo sentido práctico mientras accedía convertirse al catolicismo para garantizar el trono de Francia: "París bien vale una misa"...Permítanme parafrasearlo para cerrar esta primera nota: Conocer París, bien vale una deuda.
NAPOLEON...¿MUERTO?...
Versalles, impresionante
París 1993. Las profundas sensaciones que deja pasar por la capital francesa , descritas magistralmente por el periodista nicaragüense Edgar Tijerino .
Contado con pasión
El Domo, con su cúpula resplandeciente, revestida con oro, es lo más llamativo mientras nos acercamos al Palacio de los Inválidos, pero adentro, lo que más impresiona es la tumba de Napoleón, un trabajo monumental que no pudo concluir Visconti.
Para efectos estadísticos, es decir para los que anotan y archivan los box scores, Napoleón murió el 5 de mayo de 1821, víctima de una úlcera, atrapado en el Laberinto de la Soledad en Santa Elena, como diría Octavio Paz, distante de los resortes de poder que por tanto tiempo manejó, pero su grandeza como militar, como estadista, como patriota, más allá de todo lo discutible que lo rodeó, sigue latiendo, y sus retumbos, estremecen todo París.
Fuimos en metro, ese eficiente medio de transporte que quizás se le ocurra instalar a la Administración Alemán, al Palacio de los Inválidos, una obra de Luis XIV destinada para asilar a los viejos soldados víctimas del deterioro físico, que fue saqueada el 14 de julio de 1789 en busca de armas para la toma de la Bastilla...Como todos los monumentos que París nos ofrece al doblar cada esquina, obliga a rascarse la cabeza de admiración.
Y en el sótano, genialmente fabricado en la sala principal, abierto a la vista desde cualquier ángulo, rodeado de doce estatuas, está la tumba del gran corso, reposando, justo cerca del Sena, dónde él siempre quiso estar.
Un hombre que fue capaz de trabajar 18 horas diarias atendiendo con sorprendente eficacia diferentes tareas al mismo tiempo, Napoleón no ha muerto...El está presente en el Arco del Triunfo, por donde pasó su cadáver en 1840, luego de ser recuperado en Santa Elena...Después de una ausencia de 25 años, Napoleón regresaba a París.
¿Napoleón muerto?...No es posible si en cada Museo, en cada pintura que destaca sus batallas y gestiones, en cada escultura que lo realza, en cada esquina, en cada rincón, en cada ladrillo, y sobre todo en cada centímetro del Palacio de los Inválidos, se siente su presencia.
Más allá de Moscú y de Waterloo, y de su exilio, y de su problema sin solución en el hígado, Napoleón vive...Ahí nos dejó un Código Civil de uso casi universal, una campaña como militar sin paralelo, un testamento de contenido humano, valores patrios y sentido práctico, que es una joya.
Tomemos ahora el RER, ese tren de rápido desplazamiento, y salgamos un poco de París para descubrir la majestuosidad del Palacio de Versalles...¿Quién no queda con la boca abierta y los ojos cobijados por la incredulidad en ese sitio?.
Chilo -le digo-, vamos a necesitar muchos rollos de película para cubrir esta visita.
Las habitaciones del Rey y de la Reina que en determinado momento ocuparon Luis XVI y María Antonieta, parecen un producto de la fantasía. Me imaginó acostado en esa cama disfrutando del Sports Center en el ESPN. Una satisfacción que se perdieron los Luises, tanto el XV, como el XVI y los que le siguieron, porque no existía la transmisión de TV por satélite.
Que deslumbrante es el Salón de los Espejos, y qué decir del Salón de los Nobles, el Salón de Hércules, la Sala de Espectáculos, el Salón Dorado, los Gabinetes de María Antonieta, el Salón de Billar, la Galería de las Batallas, el Gabinete del Reloj...Oh, Dios, como fue posible tanta majestuosidad en el mismo sitio...A la orilla del Palacio de Versalles, la Casa Blanca se ve insignificante, y la mía, un sitio para la servidumbre, a regañadientes.
¿Se imaginan que tipo de Club Nocturno hubiera podido instalar Luis XV en ese Palacio?...El Lido, el Mullin Rouge o el Crazy Horse, no pasarían de ser llaveros.
¿Y que decir de los jardines?...Otro provocación para el asombro...Oh, Dios, ¡Cuánta belleza!
La guía en español, explica a la gente de un Tour, que en tiempos de Luis XIV, el Rey realizaba un almuerzo público semanal con aproximadamente 47 platos diferentes...Naturalmente, no se los comía todos, ni con el Dr. Salmerón y Plinio a la orilla, y los que sobraban, eran subastados entre los asistentes.
El Barrio Latino es agitadísimo...En ese sector encontramos dos gigantescas librerías, la Gilbert y la Shakeaspeare. ¿Qué descubrí?. Que las secciones en español de cada una de ellas, es más grande que cualquiera de nuestras librerías.
En el Barrio Latino está la Sorbona, esa reputada Universidad...Recuerdo que, entre otros, ahí estudió el Dr. Francisco "Chicón" Rosales, con quien casualmente me encontré en el vuelo de regresó Miami-Managua.
No pude resistir la tentación de entrar en una de las aulas y sentarme, algo que también hice en Harvard hace dos años durante una visita...Ahora puedo decir, sin mentir, que estuve en Harvard y en La Sorbona. Un verdadero taco...¿Recuerdan a Richelieu en las clases de historia que recibimos en bachillerato?. Pues él fue uno de los Directores y restaurador de la Iglesia.
Naturalmente no iba a marcharme sin tomarme una foto con la estatua de Victor Hugo, y otra a la orilla de la de Luis Pasteur...Qué mis nietos, más adelante, crean que es producto de un montaje, me tiene sin cuidado...Y de la esquina dos cuadras al lago y media arriba, está el Pantheon, una imponente construcción en el centro de la Plaza.
No voy a exagerar diciendo que dan ganas de morirse para estar enterrado en ese sitio, pero ciertamente, se debe descansar en paz.
Hay tanto que ver, que regresar al metro, tomar cualquier dirección, y bajarse en cualquier parada, nos deja siempre en un lugar interesante.
Fue así como llegamos a Notre Dame... Como quisiera tener la necesaria capacidad de valorar el arte. Sólo así podría disfrutar plenamente de la observación... Bueno tampoco me sentía tan despistado como alguién, que al ver a un corredor darle la vuelta al cuadro después de un gran batazo por encima de la verja, no sepa que fue.
Hace dos mil años que se reza aquí, dice una de la guías, y explica que antes de estar finalizada, fue escenario de acontecimientos políticos y religiosos.
El edificio, comenzó a deteriorarse, y sólo fue restaurado adecuadamente, como consecuencia del interés provocado por la novela de Víctor Hugo “Nuestra Señora de París”. Pienso, que tarde mucho en recorrer París, pero antes, no tenía como proponérmelo. Puede que 20 años no sea nada como dice Gardel en su tango, pero 54 años después de haber nacido, si es mucho tiempo congelado.
Claro, de haber sido un buen estudiante de historia, y en cierto momento me hubiera atrapado esa pasión por Francia que mostró siempre el Padre Caballero, a quien conocí en la UCA cuando todavía tenía pelo, pero no recursos, no necesitaría este viaje para familiarizarme con la historia.
Pero ni modo, nada es fácil, y por lo menos, tuve tiempo y aliento para una semana de intensa agitación disfrutando de París.
Nota escrita por el periodista nicaragüense Edgar Tijerino




