El colombiano integró una cuarteta junto a Manuel Ignacio Gutiérrez, Juan Pachón y Efraín Pulido, y dejó su nombre en la historia del ciclismo costarricense.

El ciclismo colombiano está de luto por el fallecimiento de Manuel Antonio Parra Rodríguez, un corredor que destacó en pista y carretera y que en Costa Rica es recordado por su subcampeonato en la Vuelta de 1974.

Aquella edición tuvo como ganador al mexicano Rodolfo Vitela, seguido por Manuel Parra, de Colombia, y Manuel Ceja, de México. El cuarto lugar correspondió al venezolano Andrés Mora.

Colombia se presentó con una cuarteta integrada por Manuel Ignacio Gutiérrez, conocido como “el Sardino”; Juan Pachón, Efraín Pulido y Manuel Parra. Fue una delegación de corredores que contribuyó al nivel competitivo y al atractivo internacional de la carrera costarricense.

Parra tuvo protagonismo desde el comienzo: ganó la primera etapa, disputada el 22 de diciembre con salida y llegada en San José, sobre un recorrido de 132 kilómetros. Su victoria y el segundo puesto en la clasificación general quedaron registrados entre los resultados de aquella Vuelta.

El homenaje difundido tras su fallecimiento recuerda que vistió la camiseta de líder y que el ascenso al Cerro de la Muerte fue determinante en su disputa con Vitela por el campeonato. Finalmente, el mexicano conquistó el título y el colombiano aseguró el subcampeonato.

Un corredor destacado también en la pista

La trayectoria de Manuel Parra trascendió las competencias de carretera. Representó a Colombia en pruebas de pista y formó parte del equipo que obtuvo la medalla de plata en la persecución de 4.000 metros de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, en 1974.

En aquella cuarteta estuvo acompañado por Luis H. Díaz, Jaime Galeano y José Ramón Garcés, según los registros históricos del Comité Olímpico Colombiano. 

La semblanza compartida en su memoria destaca su fortaleza física, su habilidad en el velódromo y sus enfrentamientos con Martín Emilio “Cochise” Rodríguez. También recuerda que un accidente durante una Vuelta a Colombia y una lesión de cadera afectaron la continuidad de su carrera.

Pese a esas dificultades, nunca perdió su vínculo con el ciclismo. Según el homenaje firmado con las iniciales L. F. G., su casa en Puente de Piedra, sobre la vía al Alto del Vino, se convirtió en un sencillo taller de bicicletas y en un lugar de encuentro para amigos y aficionados.

Allí siguió compartiendo anécdotas de una trayectoria que también tuvo un capítulo importante en las carreteras de Costa Rica.

Con su fallecimiento, el ciclismo despide a un representante de aquella generación colombiana que animó las competencias internacionales de los años setenta. En la memoria deportiva costarricense permanece como el subcampeón de la Vuelta de 1974.

Paz a sus restos y condolencias a sus familiares, amigos y a la comunidad del ciclismo colombiano.

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