Brooks Koepka a la cabeza del golf mundial contra todos los pronósticos

La chica se fue acercando, con la sonrisa en la boca y el celular en la mano. Él se preparó y ya estaba listo para ofrecer su mejor cara cuando ella le dio el teléfono. Pero Brooks Koepka, último ganador del Abierto de Estados Unidos, uno de los cuatro Majors de la temporada, quedó descolocado.

"¿Me sacás una foto con Dustin (Johnson, ex número uno)?", escuchó el eterno subestimado. El mismo que desde este lunes es el líder del ranking mundial de golf.

"Me pasa todo el tiempo. Y algunas veces me gusta sacarme selfies (con la gente)", dice quien quedó en la cima luego de su título en la CJ Cup de Corea del Sur. 

A los 28 años, no reniega de no ser el más buscado por el público. Es más, lo ha utilizado a su favor para sacar energías y fortalecerse a partir de la desconfianza del resto. Fue una constante durante toda su vida.

 

Le pasó desde que se encontró con el golf por accidente. No hay metáfora en ello: cuando tenía 10, un choque automovilístico le impidió por un buen tiempo jugar deportes de contacto. Brooks debió dejar el béisbol (herencia paterna) y se volcó al golf. No tardó mucho en darse cuenta de que le iba mejor con el swing que con el bate.

Ya convertido en un golfista juvenil, soñaba con entrar a la Universidad de Florida, pero su talento no convenció lo suficiente como para recibir una beca y debió conformarse con ir a Florida State.

Su papá, de hecho, no tenía grandes esperanzas en el futuro de su hijo mayor (tiene otro, Chase, que también es golfista). "Como mucho, esperaba que pudiera tener algunas buenas actuaciones para ganarse alguna invitación a un torneo", dijo alguna vez.

 

Entonces se fue a probar suerte a Europa. En el Challenge Tour, la "segunda categoría", casi desfiló y luego tuvo el suficiente éxito en la gira mayor como para ganarse el derecho de ingresar en algunos torneos del circuito PGA, ámbito para el que logró su tarjeta de miembro en 2014.

Saberse verdaderamente bueno jugando nunca lo hizo modificar sus pasiones. El béisbol sigue siendo el deporte predilecto de Koepka. Lo encuentra mucho más entretenido que el golf, al que considera poco más que un trabajo.

Su nivel de juego fue en ascenso, pero el reconocimiento no lo acompañaba. Hoy es un gracioso recuerdo, pero en 2015 el locutor del tee de salida del Abierto de Phoenix lo anunció como Brooks "Cupcake", palabra que en inglés define a los pastelitos que por estos lares se conocen como "magdalenas".

Vericuetos del destino, probablemente el trabajador del torneo se haya aprendido el nombre del participante para el final, porque Koepka ganó allí su primer título de la PGA.

 

Buenas actuaciones lo pusieron en el camino de su primer Major. Y lo logró en su casa, en el Abierto de Estados Unidos de 2017, con 16 golpes bajo el par, récord igualado con Rory McIlroy. Tampoco bastó para instalar su nombre definitivamente.

Parece una situación de comedia, pero quien lo presentó en la conferencia de prensa como el campeón del US Open lo rebautizó como "Bruce". Sus temores, lejos de ser infundados, lo llevaron a ver de cerca cómo se tallaba su nombre en el trofeo. "Con O antes de la E", se animó a decirle al orfebre.

Tras aquella consagración, si pensaba ir por todo en este 2018, los anhelos se complicaron por una operación de muñeca, que lo llevaron a faltar al primer tercio de esta temporada. El regreso también se empañaría de dolor por una fatalidad: una pelota impactada por Koepka en la última Ryder Cup que golpeó a una mujer en un ojo y le provocó la pérdida de la visión.

 

Pese a aquellos malos tragos, su instinto de gloria no se apagó. Y defendió el título estadounidense, algo que no sucedía desde 1989. Con no poco combustible producto de lo que muchos denominan "ninguneo".

"Defendía el título, era top 10 y había 10 tipos en esta lista, en la que yo no estaba", recordó Koepka tras el bicampeonato. Se refería a una transmisión televisiva en la que se presentaba a los candidatos y no se hacía mención a su figura. 

Para buena parte del público, sin embargo, continuaba siendo algo lejano. En Twitter, por caso, hasta mitad de este año no había llegado a los 100.000 seguidores, cuando otros golfistas lo superan con facilidad. Por caso, Jordan Spieth, el joven de 23 años que más promete en la nueva camada (ganador de 3 Majors, como Koepka), tiene 2.000.000.

Como si sus "problemas" de reconocimiento fueran pocos y Brooks necesitara más figuras que lo dejen a la sombra, esta temporada encima quedó marcada por el retorno a los primeros planos de Tiger Woods.

 

El último Campeonato de la PGA lo vio coronarse de nuevo. Fue su tercer grande en seis torneos para él, ya que faltó por aquella lesión al Masters de Augusta de este año.

 

Un dato que contextualiza su logro: ningún otro jugador ganó más de un Grand Slam en las últimas 12 ediciones. Y una curiosidad: incluso con la CJ Cup, tiene más Majors que torneos "comunes" del circuito (3 contra 2).

Ahora es también el número 1 del mundo. Y quizás sea un paso para que finalmente deje de ser siempre el subestimado. Aunque él se lo siga creyendo para competir con voracidad.