Roger Federer, el campeón que no tiene fin

Su celebración, hasta cierto punto rutinaria, brazos al cielo de Dubái sin excesos ni aspavientos, implicaba una muesca más en la historia, tan redonda la cifra que Roger Federer podrá presumir de un hito casi imposible.

Solo Jimmy Connors había superado la barrera de los cien y ayer la rompió el suizo, campeón por octava vez en el emirato en el que reside buena parte del año. Después de superar a Stefanos Tsitsipas por un doble 6-4, Federer, de lágrima fácil por naturaleza, controló sus emociones cuando le homenajeaban con un vídeo con sus mejores imágenes y recordó este trayecto que empezó en 2001, cuando, siendo un muchacho desgarbado, con coleta, collar ajustado y algún que otro cruce de cable, conquistó el torneo de Milán al superar a Julien Boutter en la final. De eso hace 6.601 días.

Tampoco aquel domingo el festejo fue nada del otro mundo, y eso que no era más que un chico de 19 años. Ya se había pronosticado una dictadura porque con Federer era casi imposible equivocarse, un regalo del que todavía se disfruta. Le queda poco, es obvio porque su carné indica que está cerca de los 38, pero sigue ganando porque es infinito, es único, es genial.

Grande en los grandes

Como la victoria de ayer ante Tsitsipas es lo de menos (eso sí, se desquitó después de la derrota ante el griego en los octavos del último Abierto de Australia en lo que muchos entendieron como un cambio generacional), cabe centrarse en las cifras, que escupen una catarata de datos interminable. Cien títulos es un dato redondo que se desgrana fácilmente. Una quinta parte, ojo a la barbaridad, es a base de Grand Slams, disparado con veinte como el que más tiene de la historia. Le persigue Rafael Nadal con 17 sin que nunca logre acercarse del todo, y ahora existe también la amenaza de un Djokovic descomunal que, con los tres últimos triunfos, se ha colocado con 15. En Masters 1.000, Federer lleva 27, también muchísimos. Sin embargo, esa lista la encabeza Nadal (33) y el segundo cajón del podio es para Djokovic (30).

Dubái, el torneo que ganó ayer, forma parte de la categoría ATP 500, y ahí el suizo es el que más atesora. Son 22, por los 20 de Nadal y los 12 de Sampras y Djokovic. Y, para finalizar, los ATP 250, que son 25 en el acumulado. Si a todo este repertorio se le suman las seis Copas de Maestro, salen las cien portadas de Federer. El CV se completa con una Davis y un oro olímpico en dobles (Pekín 2008) y una plata en individuales (Londres 2012). Por superficie, son 11 alegrías en tierra, 18 en hierba y 71 en dura. Con todo, la verdadera noticia la regaló el director del torneo cuando anunció, en su interminable discurso, que Federer estará en la edición de 2020, dando por hecho que su carrera no termina esta temporada. Se especuló mucho con ello, y más cuando el helvético comunicó su intención de jugar en Roland Garros y regresar a la tierra (se entendió que era un guiño para despedirse de París).

«Vivimos en un mundo en donde cada registro tiene que ser destrozado. Y eso no va conmigo, yo estoy feliz de estar todavía sano y si logro hitos en el camino, maravilloso», resumió Federer con naturalidad después de su estupenda final. «Ha sido un viaje muy largo y maravilloso. Ganar 100 torneos es un sueño». Más allá de Connors, en el club de los 100 también están Martina Navratilova (167), Chris Evert (157) y Steffi Graf (107). Aunque lo tiene muy complicado, Federer persigue, desde ya, la exclusividad de Connors.