El papá de Zidane publica un conmovedor libro de su vida

A los 81 años y como homenaje a sus nietos, el argelino  Smaïl Zidane publica un libro sobre su vida y cuenta muchas anécdotas de su célebre hijo: Zinedine Zidane, extraordinario ex futbolista francés y hoy técnico del Real Madrid, donde ha logrado llevarlo a ser monarca de clubes de Europa y del mundo.

La información fue publicada por Diario El Mundo: 

De niño, Zinedine Zidane, el menor de una familia de cinco hijos, "aliaba la reserva y el entusiasmo", una fusión de todos los rasgos de la casa, según revela su padre en una autobiografía publicada en Francia. "El carácter de Yazid (como llaman a Zidane en su familia) condensa todo lo característico de nuestra familia: la reserva y el entusiasmo", contó Smaïl Zidane en 'Sur les chemins de pierres' (Por los caminos de piedra), del que fueron revelados este viernes algunos extractos por la prensa francesa.

Smaïl, de 81 años, repasa en la autobiografía su paso de la Kabilia argelina a Francia, sus primeros años en ese país, en el que comenzó a trabajar como albañil, y la infancia de sus hijos. Escrito con ayuda de una vecina, la obra sí recoge algunas anécdotas de la infancia del técnico.

Smaïl cuenta los extras con los que los técnicos motivaban al joven Zidane. "Me acuerdo de una anécdota que nos contaba de sus primeros tiempos de formación. 'Papá, ¿sabes qué me ha dicho mi entrenador? Zidane, si marcas un gol en el próximo partido, te dejo ir a la mejor tienda de ropa de Cannes y coger todo lo que te guste". Fue amable por su parte, pero yo encontraba este método de motivación un poco curioso", rememora el padre de Zinedine. Ya más maduro, en 1991, el presidente del Cannes, Alain Pedretti, le hizo otra promesa: ¡un coche si metes un gol! "¡Y lo hizo! Otros tiempos, otras costumbres: ¡yo nunca había tenido un coche nuevo y llevaba 14 años con mi viejo R12!", cierra Smaïl.

El padre de Zidane asegura que no pudo asistir a la final del Mundial de 1998, disputada el 12 de julio, en la que su hijo fue la estrella, porque tuvo que quedarse cuidando de su nieto Luca, que había nacido dos meses antes en Aix-en-Provence. Zizou había fichado por la Juventus de Turín y se había trasladado a esa localidad francesa, donde se dio cita parte de la familia para seguir la final del Mundial de Francia, además de amigos. "Había mucha gente en el salón, el ambiente estaba animado. Todos querían animar a Francia, que nos había hecho vibrar durante semanas y, cuando se ganara el partido -porque todos estaban seguros de que nadie podía parar a los "bleus"- hacer una fiesta con pan kabil que yo había preparado para la ocasión", cuenta el padre.

Pero Luca llegó a sus brazos y se vio obligado a dormirle, para lo cual tuvo que abandonar el salón. "Salí al jardín con Luca en los brazos. Hacía buen tiempo en ese inicio de verano y me senté en una silla para arrullar a mi nieto que dormía como un ángel. Creo que esa noche fui el único del barrio que no vio el partido", asegura. Su hijo Noureddine le iba informando del resultado, en el que Zizou marcó dos de los tres goles con los que Francia derrotó a Brasil, aunque el padre asegura que no era necesario porque se iba enterando por los gritos que escuchaba. "Tiene que estar tan feliz nuestro hijo", se decía el padre. "No podía apartar la mirada de los ojos cerrados, de la respiración tan ligera de Luca. Y, sin querer, mis labios le murmuraban: 'Ah, tu padre, tu padre,...'", añade. "Me sentía tan bien en ese momento, tan lleno de gratitud por toda la felicidad que dios nos daba, que le daba gracias y le pedía que protegiera a ese pequeño que despertaba a la vida", indica.

La final del Mundial se disputó en el Estadio de Francia de Saint-Denis, en la periferia norte de París, cerca de donde Smaïl Zidane comenzó a trabajar como albañil a su llegada a Francia. El libro cuenta también las penurias que pasó en aquellos años, en particular en el invierno de 1954, "uno de los más fríos del siglo". Para ahorrar, dormía en un apartamento sin terminar y comía solo dos quesitos, un pedazo de pan y una banana. "La nieve de Kabilia es más indulgente que este hielo que lo paralizaba todo. En enero de 1954, en París, las temperaturas bajaron a 10 bajo cero. A principios de febrero a 13 bajo cero", recuerda.

Según la editora del libro, Smaïl Zidane lo escribió "porque quería dejar un testimonio a sus nietos".

Fuente: Diario El Mundo