Italia vive un drama al no saber cómo llegó a su país el coronavirus

Las secuelas para China con el coronavirus
El coronavirus es la “mayor emergencia sanitaria” en China desde la fundación del régimen comunista

El viceministro de Sanidad, Pierpaolo Sileri, ha confirmado que lo que las autoridades italianas habían considerado como el origen del foco, nunca lo fue. La OMS califica de "misterio" el origen del brote.

"De las pruebas que hemos realizado podemos asegurar que no ha desarrollado los anticuerpos al virus y por tanto no lo ha tenido". Este sábado a última hora de la tarde, el viceministro de Sanidad, Pierpaolo Sileri, confirmaba que lo que las autoridades italianas habían considerado como el origen del foco, nunca lo fue. El denominado 'paciente 0', el directivo que viajó a China y supuestamente transmitió al 'paciente 1' el virus, nunca estuvo infectado.

No saber quién es el paciente cero obviamente complica todo desde el punto de vista de la propagación de la infección. Es ahora mismo una de las mayores preocupaciones del Gobierno italiano, conocer el origen de este foco, ya que resulta extraño que todos los contagios iniciales sean originados por el caso de un italiano de 38 años que en un primer momento se creyó que se había infectado al cenar con un amigo que había estado en China y había regresado de este país el pasado 21 de enero. "Él no es el punto de partida del coronavirus. Esa hipótesis fue un error", afirmaron desde el Instituto Superior de Sanidad

Sin embargo, Sileri confirmó que el presunto "paciente cero" que habría contagiado a su amigo tras regresar de China nunca tuvo el virus. ¿Cómo llegó entonces el coronavirus a Italia? Se sabe como se propagó, pero se desconoce el origen.

Las autoridades sí siguen creyendo que 'paciente 1', el hombre de 38 años que permanece ingresado en estado grave en el hospital de Codogno fue quien extendió el virus por la región al viajar a diferentes localidades para disputar maratones y partidos de fútbol y mantener una activa vida social desde el 1 de febrero hasta el 15 del mismo mes cuando presentó los primeros síntomas.

EL 'PACIENTE 1' LO EXTENDIÓ, ¿PERO QUIÉN SE LO CONTAGIÓ?

Durante este sábado las autoridades explicaron y confirmaron que los primeros seis casos fueron los que tuvieron contacto con el llamado 'paciente 1', el hombre de 38 años de Codogno, en la provincia de Lodi. Entre estos primeros contagiados se encuentra la mujer de éste, embarazada de ocho meses; un amigo con el que salía a correr, el padre de este último, según han reconstruido desde la región de Lombardía.

De hecho, el virus alcanzó este sábado Milán, situada a unos 60 kilómetros de distancia de Codogno, y Turín, en la vecina región de Piemonte. Según medios italianos, el enfermo de esta última habría participado junto al 'paciente 1' en una maratón en Portofino el 2 de febrero, un día después de asistir a una cena con unos compañeros de trabajo en la que se hipotiza pudo comenzar el brote en Italia.

Pero es que además del contagio en Lombardía, quedan por resolver los casos en Véneto que no han tenido ningún tipo de contacto con esta persona.

Incluso, la Organización Mundial de la Salud reconoce que el los contagios en Italia se han convertido en todo "un misterio". "Lo que preocupa de la situación italiana es que no todos los casos registrados parecen tener una historia epidemiológica clara, es decir, un vínculo con los viajes a China o contactos con otros casos confirmados", ha asegurado Hans Kluge, director de la OMS en Europa.

Un brote del que no sólo preocupa el origen sino la velocidad en la que se está expandiendo. De hecho, el Ejecutivo italiano ha aprobado medidas extraordinarias para contener la difusión de los casos de coronavirus en el norte del país que han causado dos muertos y alcanzan ya los más de 100 contagiados, como la prohibición de entrada y salida en 11 localidades consideradas epicentro de la epidemia y donde viven unas 50.000 personas, así como el envío de las Fuerzas Armadas para que se cumplan las medidas de contención.

Los medios de comunicación italianos han informado de que se está investigando a una pequeña comunidad china en el pueblo de Vo' Euganeo, de donde procede la primera víctima, un hombre de 78 años que falleció este sábado por la mañana y que no tuvo ningún contacto con el brote de Lombardía. Este jubilado llevaba ingresado 10 días en el hospital de Schiavonia con síntomas que recordaban a una fuerte gripe. El miércoles sus condiciones empeoraron y los médicos le sometieron a las pruebas de coronavirus junto a otro paciente del mismo pueblo, de 67 años, que se estaba recuperando. El resultado dio positivo.

Ambos pacientes frecuentaban los mismo bares, que ahora se encuentran cerrados por orden del Ayuntamiento. Habitualmente acudían allí a jugar a las cartas, pero nunca viajaron a China. ¿Quién infectó entonces a Adriano Trevisan, de 78 años, la primera muerte de coronavirus en Italia si nunca estuvo en contacto con el brote de Codogno y nunca viajó a China? Según informa el Corriere della Sera, el 9 de febrero, el hombre acude a uno de estos bares a ver el partido Inter-Milan junto con ocho chinos, de los cuales dos de ellos acababan de regresar de China. Sin embargo, el otro hombre nunca estuvo en contacto con ellos.

Ante este cuadro, la OMS expresó su preocupación por el ritmo de expansión de la epidemia. "Hemos visto un aumento muy rápido (de los casos) en pocos días", constató Sylvie Briand, directora del departamento Preparación mundial para los riesgos infecciosos de la OMS. Obviamente, sin el origen de las infecciones, es todavía más difícil decidir que hacer para contener el virus.

El coronavirus es la “mayor emergencia sanitaria” en China desde la fundación del régimen comunista

La epidemia del nuevo coronavirus es la “mayor emergencia sanitaria” en China desde la fundación del régimen comunista en 1949, dijo este domingo el presidente Xi Jinping, quien destacó los peligros de la cepa y admitió “deficiencias” en la respuesta del gigante asiático.

En comentarios recogidos por la cadena estatal CCTV, Xi aseguró que la epidemia “tiene la transmisión más rápida, el más amplio rango de infección y ha sido más difícil de prevenir y controlar”.

Es necesario aprender de las “evidentes deficiencias” que ha habido en la respuesta de China, añadió Xi en una reunión oficial para coordinar la lucha contra el virus, un inusual reconocimiento por parte de un líder chino.

“Esto es una crisis para nosotros y una gran prueba”, subrayó.

Las declaraciones del presidente chino se producen en un momento en el que el virus ya se ha cobrado unas 2.400 vidas y ha contagiado a casi 77.000 personas en China continental.

Además, fuera del país, Corea del Sur ha activado la alerta máxima e Italia ha establecido medidas de cuarentena.

Xi reconoció el domingo que la epidemia “inevitablemente tendrá un gran impacto en la economía y en la sociedad”, pero destacó que los efectos serán “a corto plazo” y controlables.

Nuevas cuarentenas

Las autoridades médicas de la provincia china de Wuhan, donde la cuarentena por el virus ya cumplió un mes, comenzaron a llamar a pacientes de coronavirus que originalmente habían recibido el alta tras constatar nuevos casos positivos entre ellos, lo que invita a pensar en que el periodo de incubación del virus es más largo del que se suponía o bien todavía son portadores de una versión extremadamente debilitada de la infección.

Así, algunos pacientes han tenido que regresar a los hospitales para atravesar otra cuarentena de 14 días bajo observación médica en zonas designadas, según ha informado el centro de control y tratamiento de coronavirus de la ciudad, epicentro de la epidemia.

Estas nuevas cuarentenas, informa el South China Morning Post, se produjeron después de que expertos médicos chinos advirtieran de que los pacientes recuperados aún pueden portar el virus y ser contagiosos.

Aunque el epicentro del coronavirus está en Wuhan y la mayoría de casos se registran en China, se han detectado casos en otros países del sudeste asiático, Europa y América. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia sanitaria internacional a finales de enero y ha pedido a la comunidad internacional que redoble sus esfuerzos.

Los signos comunes de infección incluyen síntomas respiratorios, fiebre, tos y dificultades para respirar. En casos más graves, la infección puede causar neumonía, síndrome respiratorio agudo severo, insuficiencia renal e, incluso, la muerte.

Los datos de fallecidos por el brote del nuevo coronavirus superan a los registrados a causa del brote de SARS o síndrome respiratorio agudo que se detectó por primera vez en 2002. En 2003, más de 600 personas habían muerto en China a causa de este virus, mientras que la cifra a nivel global alcanzó los 765 fallecidos.

Las secuelas para China con el coronavirus

“Cuarentena en el departamento de emergencias”, escribió el oftalmólogo Li Wenliang el 30 de diciembre en un grupo de WeChat que compartía con ex compañeros de universidad. El médico del Hospital Central de la Ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei, describió con preocupación el cuadro que vio en siete personas que habían sido internadas poco antes.

“¿El SARS está de regreso?”, preguntó uno de sus interlocutores, luego de que su colega describiera los síntomas de los enfermos. Estaba muy fresco el recuerdo de la epidemia surgida en noviembre de 2002 en la provincia de Guangdong, que terminó con un saldo de 800 muertos.

La inquietud de los médicos trascendió rápidamente el grupo de WeChat. Horas más tarde, Li recibió una citación por parte de la autoridad sanitaria de Wuhan, que le pidió explicaciones por la información que había divulgado. Tres días después fue a buscarlo la Policía, que le hizo una advertencia por “comportamiento ilegal” y lo forzó a firmar una declaración en la que reconocía haber esparcido un rumor infundado.

 

La enfermedad no era SARS, sino COVID-19, causada por otro tipo de coronavirus. Pasaron menos de dos meses y se contagiaron en China más de 76.000 personas, de las cuales murieron 2.345. Entre ellas, el propio Li. Tenía 34 años y había contraído el virus en enero, tras atender por un glaucoma a una mujer infectada.

El oftalmólogo se convirtió en un potente ícono para cientos de miles de chinos que sienten una profunda indignación por el modo en el que el gobierno manejó el brote. Sobre todo en las primeras semanas, en las que priorizó el silencio en aras de la estabilidad política antes que buscar una rápida respuesta para prevenir un mal mayor.

Si Li es el símbolo de la frustración, el profesor de derecho Xu Zhangrun decidió ser la voz, sabiendo las consecuencias que iba a sufrir por ello. En 2018 había sido desplazado de la Universidad de Tsinghua por publicar en internet un artículo en el que hablaba de los peligros del gobierno unipersonal que se estaba gestando alrededor de Xi Jinping, y cuestionaba a la “burocracia aduladora”, que pone a la política por delante del profesionalismo.

 

Xu difundió el 4 de febrero pasado un ensayo llamado “Alarma viral: Cuando la furia vence al miedo”. Un retrato crudo de todo lo que puso en evidencia la epidemia de coronavirus, y que concluye con una resignada premonición: “Esta puede ser la última pieza que escriba”.

“De la noche a la mañana —sostiene Xu en el ensayo—, el país se encontró en medio de una crisis devastadora (...) La causa de todo esto está en el Axlerod (en alusión a Xi Jinping) y la camarilla que lo rodea. Comenzó con la imposición de severas prohibiciones a la divulgación de información objetiva que sirvió para alentar el engaño en todos los niveles de gobierno, aunque solo alcanzó su verdadero punto cuando los burócratas de todo el sistema se desentendieron de la responsabilidad de la situación mientras seguían buscando la aprobación de sus superiores. Todos ellos se mantuvieron al margen alegremente cuando la ventana crucial de oportunidad para hacer frente al brote se les cerró en las narices”.

 

Xu, que no estaba en su casa cuando publicó el escrito, fue puesto bajo arresto domiciliario ni bien regresó. Durante varios días se le impidió salir de la casa y fue intensamente vigilado. Luego lo liberaron, pero cerraron todas sus cuentas en redes sociales y le cortaron el acceso a internet.

“El coronavirus expuso los peligros del estado de vigilancia autoritario y su obsesión por el control de la información y la comunicación. Los funcionarios locales son evaluados en dos facetas: el crecimiento económico y la estabilidad social de su región. En un sistema que carece de transparencia y que prefiere el imperio de los hombres al de la ley, se acostumbraron a falsear números y a encubrir problemas para proteger su reputación. Lo hacen porque siempre se los culpa de los errores una vez que se hacen públicos, pero el verdadero inconveniente es el sistema de gobernanza que promueve la rendición de cuentas de abajo hacia arriba y hace hincapié en el control político por encima de todo”, dijo a Infobae Benjamin Hillman, investigador del Colegio de Asia y el Pacífico de la Universidad Nacional Australiana.

 

Un sistema político diseñado para callar

La obsesión por silenciar cualquier voz disidente e imponer un discurso único es un rasgo común de todos los regímenes autoritarios. China adquirió una habilidad notable, porque es mucho más difícil controlar los flujos de información en la era de internet. Sin embargo, la mayor parte del tiempo lo logra.

La necesidad de restringir cualquier voz autónoma es perfectamente lógica. Como no hay forma de cambiar al gobierno, este tiene que ser perfecto. Cualquier error que llegue a los ojos o a los oídos del público puede ser peligroso, ya que puede llevar a muchas personas a preguntarse por qué tienen que resignarse a aceptar un régimen que no funciona bien.

Por eso, siempre hay que dar buenas noticias y mostrar que está todo bien. Así, mientras la prensa mundial comenzaba a informar lo que sucedía con el coronavirus, los medios chinos callaban para no preocupar a la población.

 

La reacción oficial ante cualquiera que hable de más es la censura sin demasiadas contemplaciones. En una resolución sin antecedentes recientes, el gobierno expulsó esta semana a tres corresponsales del Wall Street Journal, en represalia por una columna de opinión que decía que China era “el verdadero enfermo de Asia”. Los periodistas no habían tenido relación con esa nota, pero para las autoridades era importante dar el mensaje.

En este contexto, cuando hay un problema, la reacción inicial de los funcionarios es siempre es taparlo. Pero convencer a las personas de que nada grave está ocurriendo puede ser un plan maestro para que se propague una enfermedad muy contagiosa.

“La falta de transparencia del régimen político contribuyó a la ineficacia de la respuesta. Si la información más oportuna se hubiera hecho pública antes, la situación probablemente sería muy diferente. El esfuerzo de las autoridades por controlar la información en las redes sociales y en otras plataformas busca prevenir las amenazas al sistema, pero en cuestiones de salud pública puede obstaculizar las cruciales respuestas tempranas a una posible epidemia”, explicó Gang Guo, profesor de política de Asia del Este en el Instituto Croft de Estudios Internacionales, consultado por Infobae.

 

Ese método de toma de decisiones explica que hayan pasado siete semanas entre la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad, a comienzos de diciembre, y la decisión de aislar completamente a Wuhan. Entre una punta y otra, las negligencias fueron notables. A pesar de que los médicos en el terreno veían que el virus se contagiaba de persona a persona, las autoridades insistieron durante semanas en que no era así.

Las primeras medidas no solo llegaron tarde, sino que fueron incompletas. Por ejemplo, el Mercado mayorista de mariscos de Huanan, donde se cree que nació la infección, fue cerrado muchos días después de que surgieran evidencias fundadas, y el cierre no se extendió a mercados similares. Desde hace tiempo se sabe que el comercio de animales exóticos es un potencial foco infeccioso, pero actuar ahora implicaría asumir que el sistema de controles falló.

 

Hay ámbitos en los que el Estado podría admitir errores, pero es mucho más difícil que lo haga en el campo de la salud, donde la consecuencia es la muerte de personas. El pacto tácito entre el régimen chino y los ciudadanos es que estos ceden su libertad política a cambio de bienestar y protección. Cuando este principio se viola de manera flagrante, el enojo brota de inmediato.

“La crisis mostró la debilidad y la fuerza del sistema. Inicialmente, hubo una obvia falta de gobernanza. Primero, por la incapacidad de regular los mercados húmedos. Se sabe desde el SARS que son una fuente de posibles enfermedades. Segundo, por la ineficaz presentación de informes. La respuesta normal ante las malas noticias es tratar de reprimirlas. Si bien siempre es difícil informar sobre una nueva enfermedad, el hecho de no hacerlo a tiempo permitió que la propagación fuera peor de lo que podría haber sido. Por otro lado, la fuerza quedó demostrada en la reacción para limitar el movimiento de personas y poner en marcha nuevas instalaciones”, dijo a Infobae Anthony Saich, profesor de asuntos internacionales de la Universidad de Harvard.

 

Xi Jinping y la necesidad de contener la crisis

Cuando Xi asumió la presidencia de la República Popular, en marzo de 2013, el sistema chino era indudablemente partido-céntrico. Lo líderes pasaban, pero el partido seguía más o menos igual que antes. Eso empezó a cambiar con Xi, que se convirtió en el secretario general más poderoso del Partido Comunista Chino (PCCh) desde los tiempos de Mao. Al punto de incluir su pensamiento en la Constitución y de reformarla para poner fin al límite de dos mandatos, habilitándose a continuar indefinidamente en el poder.

El problema de esta concentración de atribuciones en torno a su figura, que vino de la mano de un recrudecimiento de la represión, es que cualquier fisura en el sistema es vista como una fisura en el liderazgo de Xi. A medida que se agravaba la crisis, su virtual desaparición de la esfera pública generó un creciente malestar, que él se vio obligado a aplacar.

“No creo que a largo plazo se erosione la legitimidad del sistema —dijo Saich—. La ira fue evidente, pero lo que pase dependerá más del desempeño general de la economía y de su recuperación del impacto. Claramente se ha dañado la confianza en el liderazgo de Xi. Hay un claro riesgo en centralizar el poder en las manos de una persona. ¿Quién tiene la culpa cuando las cosas van mal? De ahí los recientes intentos de presentar a Xi dirigiendo la respuesta”.

 

El Presidente reapareció el pasado 10 de febrero en un barrio del centro de Beijing. Llevaba barbijo y estaba caminando entre los vecinos, una imagen muy inusual en Xi, que reveló su necesidad de mostrarse cerca de la gente. Luego recorrió un hospital y habló con médicos, para escenificar que se estaba poniendo al frente de la crisis. Como complemento, dialogó a través de una videoconferencia con trabajadores de la salud de Wuhan, a la que llamó “ciudad de héroes”.

La reacción también consistió en mostrar la inigualable capacidad del estado chino para movilizar recursos para atender a la emergencia. El ejemplo más claro fue la construcción en solo diez días de un hospital en Wuhan, destinado a los enfermos de COVID-19. El video de la edificación fue difundido por todos los medios para mostrar la eficacia gubernamental.

Una forma habitual de responder ante crisis de esta envergadura es cortar cabezas. El objetivo es siempre encontrar culpables individuales, funcionarios desviados que impiden el normal funcionamiento de un sistema virtuoso. Xi despidió a dos jerarcas del Partido Comunista en la provincia de Hubei, que a su vez habían desplazado a varios funcionarios de distinto rango vinculados al sistema de salud.

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