A propósito de la Selección Nacional, los entrenadores y nuestros equipos

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No podía ser peor, por todo y todo, como decía un amigo. Un mal que viene desde hace cinco años, cuando nos empalagamos, atiborramos, de lo hecho en Brasil. Una calamidad que germinó desde que dejamos de asistir a los campeonatos mundiales de Liga Menor.

La esencia de ese descalabro la vimos en los partidos de la Selección contra Panamá, pero la enfermedad terminal la padecen los equipos. Campeonato tras campeonato. Jornada a jornada, partido a partido, aunque queramos llamarlos clásicos, excitantes, bien jugados, dinámicos, intensos, estratégicos, nuestro futbol va en picada por más que se esmeren los entrenadores en decir, y convencer ,que jugamos bien y que lo que falta es compromiso, actitud, sentir la camiseta pegada al pecho.

Se culpa a los jugadores, pero son ellos los culpables? Cómo vamos a culpar a los jugadores si los maestros, los entrenadores no les enseñan bien? Las deficiencias técnicas individuales y colectivas, las carencias tácticas y estratégicas, el manejo mostrado de los conceptos modernos del futbol son aterradores. Y ojo, que los jugadores que llamó el seleccionador son solo el resultado de esa enfermedad que se viene arrastrando desde las Ligas Menores y que invadió los equipos de la Primera División .

Después de los partidos contra Panamá, el debate se centró en cuáles jugadores aprobaron para ser llamados en la próxima convocatoria. Fulano, sutano o ninguno.

Me recuerda el cuento de Guillaume Apollinaire, (escritor francés ), cuando narra que un granjero encontró un águila malherida en el bosque. Al verla en ese estado la recogió y para curarla la llevó a su gallinero. Mientras sanaba le dio la misma comida que a los pollos y le enseñó a comportarse como estos.

Un día pasó un hombre y le dijo al granjero: “Por qué tienes esa águila en el corral con los pollos”? El granjero le respondió: “Me la encontré y como le doy la misma comida a todos en el corral actúa igual a sus compañeros. Por eso ya no es un águila y no puede volar”.

El hombre lo felicitó por darle la compañía y el calor de los pollos del corral. Sin embargo le dijo que estaba seguro que esa ave tenía corazón de águila y que se le podría enseñar a volar.

El granjero sin darle mucha atención le respondió: “Si hubiera querido volar lo hubiese hecho. Yo no se lo he impedido”.

El hombre resignado le respondió: ”Es verdad, tú no se lo has impedido, pero como dijiste anteriormente, como le enseñaste a comportarse igual a los pollos, por eso no vuela”.

Hay algunas águilas en nuestro futbol. Siempre hay águilas, jugadores jóvenes talentosos, diferentes, pero los entrenadores los meten en el gallinero junto a los pollos, les dan la misma comida y solo aprenden a tirarse, revolcarse, escarbar, picotear como las gallinas, pero no les enseñan a volar.

Es muy diferente que un jugador, un joven águila, lo haga al lado de los que saben jugar, que aprendieron a volar en el futbol internacional, en otros países con las enseñanzas de buenos maestros y entrenadores, a que juegue en el gallinero con los pollos donde solo les enseñan a picotear, que es lo que aprenden en la mayoría de sus equipos. Entonces de donde seleccionar a mejores jugadores si en los equipos no hay?

 ** El autor tiene una Maestría en Comunicación. Licenciatura en Periodismo y Educación Física. Además es entrenador de Futbol y Baloncesto.

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