Amador fue 28 en penúltima etapa del Tour que dejó al colombiano Egan Bernal como virtual campeón

Repase parte de la vida y carrera del pedalista cafetero 

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El ciclista colombiano Egan Bernal (Team Ineos) es el ganador virtual del Tour de Francia 2019 tras conservar el maillot amarillo en la penúltima etapa y tiene en su mano poder dar a su país el primer título de la historia en la 'Grande Boucle'. Amador ingresó en el puesto 28 a 3min 45seg del ganador Vincenzo Nibali. 

En la general el tico marcha 55 a 1hr 58min 35seg

Bernal, bien escoltado por su equipo, apenas perdió 17 segundos respecto al italiano Vincenzo Nibali (Bahrain Mérida), ganador de la etapa después de aguantar el pulso del pelotón y de resistir a los ataques de sus rivales en la recta final, entre ellos, Alejandro Valverde y Mikel Landa, segundo y tercero en la llegada a Val Thorens.

Nibali se apuntó el triunfo parcial, el sexto en su carrera en el Tour, pero Bernal se quedó con el premio gordo después de que Steven Kruijswijk -su rival directo- no pudiera comprometer el liderato. Su compañero Geraint Thomas, segundo en la general y vigente campeón, arrimó el hombro como si fuese el peor de los gregarios. A sus 22 años, este domingo, se proclamará campeón del Tour de Francia en su llegada a los Campos Elíseos.

El botín estaba en el bolsillo del cafetero desde la jornada del viernes, pero Bernal quiso ser prudente. La neutralización de la 17º etapa dejó en bandeja su liderato en detrimento de Julien Alaphilippe, líder durante 14 días, y se encontró con el primer escalón del podio, un caramelo irrechazable que le convertirá en historia de su país a partir de este domingo. Bernal será el primer colombiano en alzarse con un Tour, un hito que no consiguieron Santiago Botero -campeón del mundo contrarreloj- y maillot de la montaña en el Tour del año 2000.

Tampoco lo logró Rigoberto Urán, subcampeón en 2017, ni Nairo Quintana, la mayor esperanza de Colombia, segundo en dos ocasiones (2013 y 2015) y tercero en 2016. Sin embargo, la gloria recaerá en este joven que ha sorprendido a propios y extraños.

La penúltima jornada, que se vio cortada por las previsiones metereológicas, ofreció un gran espectáculo y siempre estuvo controlada por el Ineos, que no dejó solo un instante al líder inexperto. Hubo ataques, muchos de ellos sin sustancia, aunque uno terminase fructificando.

Bernal aguantó en un segundo grupo, consciente de que no había peligro de perder el liderato. Con una buena cadencia y sin perder los nervios, Bernal aguantó las embestidas y mantuvo la normalidad al igual que el resto de perseguidores. Sólo uno, el francés Alaphilippe, terminó por arrojar la toalla y perder su puesto en el podio. El galo se desinfló a media hora de meta y acabará quinto en su llegada a la capital francesa.

Del resto, con Nibali metido en la pomada, todo podía pasar en los tres kilómetros finales. Lo más extraño fue la falta de piernas en algunos de los 'supuestos' rivales de Bernal. De hecho, fueron los españoles los que animaron el cotarro con varios atarques de Marc Soler y posteriormente de Mikel Landa. El alavés sí dio la sensación de poder agarrar a Nibali a escasos metros de la línea de meta.

Landa apretó los dientes pero no pudo quitarle la gloria al dos veces campeón del Giro, campeón del Tour y campeón también de la Vuelta a España. Un ciclista que, a sus 34 años, puede seguir siendo considerado el 'Tiburón de Mesina' por su hambre y su capacidad voraz para continuar ganando.

Su triunfo engrandece el ciclismo y a la experiencia. Nibali se ganó los focos, demostró su casta y Bernal entró con una sonrisa de oreja a oreja. Este domingo levantará sus brazos al viento con el Arco del Triunfo de fondo. Le acompañarán en esa imagen el británico Geraint Thomas, de su propio equipo, y Steven Kruijswijk (Jumbo-Visma). El mejor español en la general será Landa, sexto a 4:23 del 'amarillo'.

Repase parte de la vida y carrera de Egan Bernal

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Flor, la madre de Egan Bernal, le cuenta a Camilo Amaya en El Espectador de Colombia que el nombre de su hijo se lo eligió el médico que le dijo que estaba embarazada. Al doctor, Egan le gustaba porque le sonaba a dios griego victorioso, y en las webs dedicadas a explicar los significados de los nombres para que los padres elijan, cuentan también que Egan fue el nombre que en el Olimpo dieron los dioses al primer fuego, tan hermoso y brillante que Afrodita, tan enamoradiza y sensual, lo hizo hombre, y de su interior irradiaba luz, tan hermoso era.

A Flor, enredada todos los días entre la belleza de los claveles que contaba y ordenaba, y elegía los mejores, en la empresa en la que trabajaba, no le impresionó mucho la historia, el nombre no le convencía mucho, no le parecía que rimara bien con Bernal, el apellido del padre, dice, pero lo acató.

A los aficionados al ciclismo el nombre no solo les parece acertado y sonoro, dos sílabas, como Eddy, nombre de crack único, sino también premonitorio, pues antes de vestir el amarillo luminoso del Tour, Egan ya poseía su luz propia, brillantísima, y todos los del ciclismo lo decían, es el elegido, y todos esperan y creen que el del 19 no sea solo su Tour sino el primero de sus Tours, el inicio de la era Egan, un niño de 22 años que no piensa en esas cosas.

Es el más joven ganador de los Tours de los tiempos modernos, tres meses más joven que Felice Gimondi, el debutante que ganó en el 65. Es el primer colombiano que llega a París de amarillo. Ha llegado más lejos que Cochise Rodríguez, de Medellín, que Lucho Herrera, de Fusagasugá, que Fabio Parra, de Sogamoso, que Nairo Quintana, de Tunja, que Rigo Urán, de Urrao, a todos los de aquellos tiempos en los que a los escaladores colombianos se les llamaba escarabajos.

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“No, no, no, no me digan eso”, dice Egan a punto de llegar a París con una serenidad autoimpuesta para frenar las emociones que le desbordan. “Espero lo mismo, la verdad, que este Tour solo sea el primero, espero seguir creciendo, pero no quiero suponer el futuro ni agobiarme, solo quiero seguir disfrutando con el placer de competir sin más, de la adrenalina que se dispara, de lo que hace hermoso pedalear, y quiero vivir solo este momento, no quiero salir de él”.

Como los campeones del ciclismo, como Anquetil, nacido en un campo de fresas en un Quincampoix, Normandía, que casi le gana en sílabas a Zipaquirá; como Bobet, hijo de panadero de pueblo bretón, Saint Méen; como Poulidor, labrador del lemosín; como Hinault, un bruto bretón; o Indurain, un calmo navarro del campo; como Ocaña, de un pueblo de Cuenca, o como Coppi, campesino de Alessandria, Egan llega al centro del mundo, a París, desde un lugar humilde y lejano, un lugar llamado Zipaquirá, una ciudad cercana a Bogotá que aún mantiene el nombre que le dieron los muiscas, el pueblo que allí habitaba antes de la conquista. Cuando él nació, en 1997, un 13 de enero, como Marco Pantani, y siempre hay que recordarlo, ya tenía su propio héroe ciclista, Efraín Forero, el Indomable Zipa, quien hace 70 años, cuando tenía 19, llegó hasta Manizales por el alto de Letras, que se creía impracticable, y demostró que era posible hacer una Vuelta a Colombia, y en Manizales lo pasearon a hombros por su hazaña, como a un torero, como hace 600 años a sus zipas, sus reyes.

Hay lugares remotos en los que el ciclismo es la vida, y en Zipaquirá también estaba Fabio Rodríguez, el ciclista que fue gregario de Tony Rominger y que se hizo responsable de la escuela municipal en la que, a los cinco años, empezó Egan a pedalear. Y ya entonces todos le veían la luz. Se especializó en mountain bike y, en pocos años y con la ayuda de Pablo Mazuera, un mecenas que lo sacó a competir a todas partes, se convirtió en uno de los mejores del mundo. Era tan bueno que, cuando debutó en la carretera, ya en Europa, ya colocado en un equipo italiano, a todos los que están atentos a los fenómenos se les quitó el hipo como se les quita ahora a los que ven pasar a Mathieu van der Poel. Egan tenía 19 años y un mes cuando se hizo profesional.

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Eusebio Unzue le vio dos detalles y no lo dudó, el Tour de los siguientes 10 años sería Egan por un lado y los demás, por otro. “No he visto a nadie como él, rompe todos los moldes”, decía Unzue, que, deslumbrado también por el colombiano, llegó a pensar hasta en vender su alma al diablo para hacerse con su contrato. “Hasta ahora mirábamos a los corredores y los catalogábamos diciendo, este es un contrarrelojista que pasa la montaña o este es un escalador que no se muere contrarrelojeando. Egan es algo más, es incatalogable, una categoría por sí solo”. Hablaba Unzue de Egan y parecía que hablara de Anquetil, el supercampeón más humano, más sensible. El alma de David Brailsford, patrón del entonces Sky, ahora Ineos, debía de tener más interés para el diablo que el del jefe del Movistar, o más opulencia, porque fue el británico quien se hizo con Egan, que llegó al WorldTour, la Champions del ciclismo, como llegan los más grandes, como niño prodigio, meses después de ganar el Tour del Porvenir. Tenía 21 años recién cumplidos. El equipo británico decidió encomendarle el liderazgo del equipo en el futuro, que no será británico sino latinoamericano, y a su alrededor está agrupando a los mejores del continente, a Richard Carapaz, el ecuaoriano que ganó el Giro con el Movistar, a Iván Sosa, a Jhonatan Narváez.

La víspera del comienzo del Tour que todo el mundo sabría que ganaría (y también, él, pero no quería creérselo), Egan dijo que echaba la vista atrás y se veía tres, cuatro años antes, viendo una etapa de la Vuelta en Andorra y alucinaba por lo que veía, y lo veía tan lejano que verse ahora él dentro de todo eso le daba vértigo. “Si me veo hace tres años no me creo que esté aquí”, dice Egan, que cuando está en Europa vive en Andorra con su padre, Germán, y con su chica, Xiomara, compañera ciclista con la que lleva desde los 17 años, cuando comenzó a estudiar periodismo, y lo dejó, en la Universidad de la Sabana, en Bogotá. Y cuando lo dice todo el mundo sabe que Egan es quizás el único que puede no creérselo, tan nítido y vertical es su paseo entre los mejores: el primer año con Sky ganó el Tour de California y llevó como nadie a Froome y Thomas en las montañas del Tour; el segundo, ganó la París-Niza dirigiendo abanicos en la llanura de Francia invernal, y la Vuelta a Suiza, volando en el pavés del San Gottardo.

Antes de llegar a la cima del Tour, al Iseran, y capturar el amarillo, Egan, y sus gafas de soldador abriendo el camino, atacó duro en el Galibier. Nadie le pudo seguir. El viejo Poulidor lo vio por la tele y también quedó deslumbrado, y también lo adoptó: “Este chico ganará muchos Tours”.

Fuente: Diario El País 

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