La mujer que aprendió a boxear para defenderse de su pareja

"Es idealista y combativa. No teme a lo desconocido y se arriesga por sus sueños. Es sanguínea en el ring y simpática en la vida". Así describe el diario la Opinión a la boxeadora argentina Érica Anabella Farías, conocida como la Pantera. 

Porta en su sonrisa la picardía de mujer de barrio, y en sus palabras, la franqueza de sus orígenes. El brillante presente hizo un guiño al destino de Érica. Sin embargo, detrás de esa imagen de chica ruda, de un físico sin carencias, hay alguien sensible que se aferró al boxeo para sobreponerse a un pasado violento -que todavía la persigue, pero no la avergüenza- y salvar su vida. “Estoy viva gracias al boxeo, literalmente. Me curtió de coraje para decidir ser una mujer libre y no terminar en la camilla de una fría morgue, como -lamentablemente- sí terminan muchas chicas que padecen violencia de género“, revela.

A los 32 años, Pantera –se ganó el apodo por su tez oscura y sus movimientos felinos en el ring– es campeona mundial de las superligeras del Consejo Mundial (CMB) y está considerada una de las figuras femeninas más relevantes del boxeo en el mundo. Con 24 victorias (10 por KO) y una derrota en el profesionalismo, Farías posee triunfos sobre boxeadoras muy importantes, como la danesa Clara Svenson y la argentina Alejandra “Locomotora” Oliveras, a quien le ganó el título en 2014. Sin embargo, entiende que su logro más grande fue fuera del ring: animarse a decirle a su entorno que un ex novio, también boxeador, la golpeaba. “La relación duró apenas un año, pero el calvario fue tal que pareció durar cinco. Era un tipo muy agresivo, física y psicológicamente. Me tenía totalmente sometida, sin reacción. Casi me hizo abandonar la práctica porque me decía que el boxeo era sólo de hombres. Eran tantas las ganas de ser boxeadora que, a pesar de su negativa y su violencia, yo prefería someterme a sus golpes y seguir adelante con mi sueño. Siempre hacía lo imposible para ocultarlo a mi familia, hasta que un día no pude mentirle más y pedí ayuda“, recuerda.

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Aquella historia empezó a marcarla y todavía le deja huellas. Érica siente que en el diálogo está desnudando su vida, pero también que le hace bien contar algunas cosas que nunca contó. “Él me había alejado de todo, me hizo tocar fondo. Tuve una infancia humilde pero con valores, no me habían criado para esto. Mirá: me apuñaló“, indica, levantando su vestido y mostrando una profunda cicatriz. “Ésa fue la última vez que me agredió. Entonces dije «basta», porque si bien siempre me amenazaba con armas, nunca había intentado matarme. Y estoy segura de que ese día, si yo no escapaba, me mataba“, afirma Farías, que en 2006, en medio del drama amoroso, abandonó temporariamente el boxeo y se puso a limpiar casas de familia y oficinas para subsistir.

Hoy, Érica siente en su cuerpo y en su mente que la vida está alcanzándola, como canta Celeste Carballo. En los dos perfiles fundamentales de un ser: el profesional y el humano. Desde hace un año está en pareja con Federico Delellis, un joven boxeador amateur y comerciante con quien proyecta casarse. Además, conduce su propio programa de televisión en San Fernando y hace unos días le confirmaron que el 9 de julio se enfrentará con la colombiana nacionalizada noruega Cecilia Braekhus, monarca welter absoluta y considerada la mejor del momento libra por libra. “Ésta es la pelea que buscaba. Económicamente no va a salvarme, pero deportivamente puedo quedar en la historia grande del boxeo mundial“, se entusiasma Érica, que para prepararse para ese compromiso cambió a su tradicional entrenador, Claudio “Pachorra” Moreno, por Juan Ledesma. “Necesitaba cambiar de aire y alejarme un poco de mi ambiente. Últimamente, a falta de compromisos importantes estaba costándome entrenarme con seriedad”, justifica.

La vida de Pantera Farías es un canto a la fe. Nació en un hogar humilde del barrio Santa Rosa, de San Fernando. Es la sexta de los siete hijos del matrimonio de Luis Farías, peón de albañil, y Silvia Beatriz Carrasco, una empleada doméstica que falleció en 2010. A los 20 años, incentivada por “Pachorra” Moreno, el ex preparador de la Hiena Barrios, Érica abandonó el full-contact y se volcó al boxeo. “La primera vez en que hice boxeo sentí una adrenalina especial y se lo conté a mi papá. Pero no fue fácil convencer a mi mamá, porque ella quería que yo siguiera estudiando derecho. Por suerte la convencí y me vio campeona mundial del peso ligero, en 2009“, expresa melancólica Farías.

Su ascenso fue meteórico. En julio de 2009 debutó como profesional con una victoria. Ese año obtuvo el título sudamericano (FAB) de las superplumas. En 2010 se consagró campeona mundial ligera del CMB, al vencer a por puntos a la estadounidense Ann Saccurato. Defendió exitosamente siete veces esa corona hasta que la perdió contra la belga Delfine Persoon. Pero en sólo un año Farías asumió el reto de subir de categoría para pelear con “Locomotora” Oliveras, a quien derrotó en una verdadera batalla en Cancún y le arrebató el cetro de las superligeras del CMB. “Sabía que estaba preparada para todo. Locomotora pega muy duro. Fue un riesgo, pero valió la pena”, admite La Pantera, hincha de Tigre.

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Devota del Gauchito Gil, Farías tiene un tatuaje de su imagen en la espalda; también porta dos guantes con la inscripción “Maravilla“, en homenaje al ex campeón mundial mediano Sergio Martínez. “Es mi ídolo deportivo. Admiro su historia, su lucha y su manera de boxear. Para mí es perfecto”, destaca Érica, fanática de la cumbia colombiana y supersticiosa a la hora de subir al ring.

Esquemática y muy enérgica, Érica Farías está muy comprometida con las causas sociales. Sin olvidar su origen humilde, todos los días concurre a la Sociedad de Fomento de Virreyes y da clases de boxeo a una veintena de chicos que intentan escapar de los peligros de la calle. “Doy mucho valor a las cosas que pasé y que paso. Entonces, ahora que las circunstancias son favorables, me gusta devolver algo de lo mucho que me dio el boxeo. Tengo un hermanito de 19 años que desde hace dos está tratando de salir de las drogas, y no quiero ver más a los pibes de mi barrio destruir sus vidas con este flagelo. Entiendo que el boxeo es una buena salida de todos esos problemas”, comenta seria y con dolor.

Para muchos el boxeo de mujeres no es muy atractivo. Sin embargo, Pantera Farías, una de las más carismáticas del ambiente, cautivó al núcleo ortodoxo de aficionados que opinan que el boxeo es sólo para hombres. Su actitud en el ring, donde busca siempre la pelea, suele ser acompañada con una línea boxística ordenada y efectiva. “El boxeo femenino en Argentina tiene más de 15 años y su crecimiento es cada vez más notorio. Sin embargo, no es justo que todavía no tengamos derecho a cobrar bolsas parecidas a las de los hombres, por el simple hecho de ser mujeres. Con más de diez peleas por títulos mundiales y casi ocho años como profesional todavía no pude comprar mi casa”, reclama Érica Farías, una chica combativa y soñadora, a quien las adversarias encumbradas y su tormentoso pasado no perturban en su crecimiento y su lucha.

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Fuente: Diario La Opinión