La mujer saudí que hace historia en la Fórmula 1

Su éxito en los negocios le permitió darse el capricho de comprarse un Ferrari, un lujo al alcance de pocos bolsillos. Aseel al Hamad, una joven diseñadora de interiores saudí, jamás escondió su pasión por el motor. Este domingo mientras sus compatriotas festejaban en las calles del reino el fin de la prohibición de conducir, Al Hamad hacía historia a los mandos de un coche de Fórmula 1 horas antes del Gran Premio de Francia. 

"La del motor es una afición que tengo desde que era muy pequeña", reconoce Al Hamad en un vídeo distribuido por el ministerio de Información saudí. Una pasión que comenzó como un juego compartido con sus hermanos y siguió creciendo en la adolescencia, cuando observaba la aerodinámica o el motor de los vehículos y flirteaba con la idea de convertirse en coleccionista.

Hasta que terminó seducida por los circuitos. "Recuerdo muy bien que programaba mis encuentros los días en los que no había carreras. Por ejemplo, jamás quedaba los domingos porque es la jornada de las competiciones", relata risueña esta licenciada con un master en Administración de Empresas metida a empresaria. En cuanto su aventura como interiorista se lo permitió, adquirió un Ferrari con el que aparece en una de las fotografías publicadas en su Instagram.

Al Hamad lleva al frente de su negocio una década en la que presume de haber ejecutado medio centenar de proyectos residenciales y comerciales. Quien atesora media docena de premios profesionales y dice hablar cuatro idiomas -entre ellos, francés e italiano- es desde el pasado diciembre miembro del Consejo de Aadministración de la Federación de automovilismo saudí así como representante del país árabe en la comisión de mujeres de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). 

Su meteórica carrera alcanzó su mayor hito este domingo, cuando, horas antes del Gran Premio de Francia, disfrutó de sus minutos de fama en el circuito de Paul Ricard, bautizado con el nombre del empresario del pastis marsellés que sufragó la construcción de unas instalaciones emplazadas en el pueblo de Le Castellet, en la región gala de la Provenza. Bajo la mirada de los aficionados congregados en el circuito, Al Hamad se puso al volante del Lotus Renault E20, el mismo coche con el que Kimi Raikkonen cantó victoria en Abu Dabi en noviembre de 2012.

"Conducir un coche de Fórmula 1 era algo más allá de mis sueños, algo que nunca pensé que fuera posible. Es un honor haber llevado el Renault ante la multitud que asistía al Gran Premio de Francia", reconoce la joven en un comunicado difundido por la escudería gala. 

"Espero que haberlo hecho en el día en el que las mujeres pueden conducir por las carreteras de Arabia Saudí demuestre que todo se puede lograr si uno tiene la pasión y el espíritu para soñar", agrega. 

Estrella de una gala celebrada el pasado febrero por la embajada italiana en Riad, Al Hamad confiesa que es sobre las cuatro ruedas donde se siente más feliz. "No creo que puedan verme más sonriente que cuando estoy en una pista o conduciendo un coche deportivo. Me proporciona un disfrute especial", comenta quien señala a su madre como uno de sus más firmes apoyos. "El motor es un virus del que no te curas nunca". 

Respaldada por el decreto real que el pasado septiembre concedió a las súbditas saudíes su derecho a conducir, Al Hamad se ha propuesto ahora alentar la presencia femenina en el automovilismo del reino ultraconservador, el mayor exportador de petróleo del mundo. "Queremos desarrollar la federación y acoger a más entusiastas. La mujer tiene que tener más presencia en el motor. Las féminas vamos a demostrar también en este campo, como lo hemos hecho en todos los demás, lo capaces que somos".

La forofa saudí de la velocidad, que tuvo su primer contacto con el Renault el pasado 5 de junio durante unas pruebas, admite que el domingo fue una "jornada mágica". "Fue perfecto. Todo era suave. Sentí que pertenecía al asiento", desliza. 

Su próximo reto, cuando regrese a casa, es sumarse a los cientos de compatriotas que han estrenado derecho y colocarse por primera vez al volante de su propio coche. "Para mi conducir es un arte. Cada vehículo tiene su propia personalidad", concluye.