Gatlin da la sorpresa y gana el oro mundial en la última carrera de los 100 metros de Usain Bolt

La leyenda del atletismo culminó tercero 

Dos estadounidenses, Justin Gatlin (9.92) y Christian Coleman (9.94), derrotaron este sábado a Usain Bolt (9.95) en el último 100 del gran ídolo del atletismo mundial, que despide su carrera individual con una medalla de bronce.

El jamaicano clausura con una derrota diez años de reinado en las grandes competiciones (Juegos Olímpicos y Mundiales).  En total, 85 carreras de 100 metros y 53 marcas por debajo de los 10 segundos.

A la espera de lo que ocurra el domingo 13 de agosto en la final de relevos 4x400 —esta sí, su última carrera—, Bolt acumula 11 medallas de oro y dos de plata y una de bronce en campeonatos del mundo, con lo que iguala, de momento, el récord absoluto de metales que tenía en solitario la jamaicana Merlene Ottey con 14.

El mayor ruido de un estadio puede ser lo más parecido al silencio. La caída del más grande, de Usain Bolt, era una opción posible, solo que nadie podía llegar a preverla. Eso, exactamente, es lo que ocurrió en Londres. Era una cita pensada para el jamaicano, concebida para que fuese por última vez campeón del mundo y así se despidiese finalmente de su deporte. Las fiestas se pueden planear, pero hasta que no llega el momento en el que ocurren es imposible saber cómo terminarán. Esta se acabó con un estadio confuso, desconcertado. Y con Bolt perdiendo. No, nadie puede entender lo que no ha sabido antes imaginar.

Ganó Justin Gatlin que durante todos estos años ha sido el segundón después de la leyenda. Ha vuelto a competir después de cuatro años sancionado, pues ha dado positivo en dos ocasiones. Sobre él está el peso de la sospecha, es imposible que no sea así en alguien que tiene ese pasado. El caso es que fue el mejor, el único que pudo mantener la velocidad punta durante toda la carrera. Ni siquiera necesitó una salida fulgurante, simplemente fue el más rápido. El que se mantuvo más entero.

Tras él estuvo Coleman, el futuro del atletismo. Él, pequeño y potente, sí salió como una bala. No pudo mantener el ritmo a Gatlin, pero sí a Bolt. Ya están narrados el oro y la plata, pero en realidad esa alegría será solo para ellos. Quizá para el atletismo estadounidense, que llevaba años de sequía ante el poderío jamaicano. Pero poco más, el resto del mundo esperaba que este guión tuviese un final feliz, pero no fue así. Repetimos, porque no nos lo creemos demasiado: Bolt perdió.

Bolt quiso ser elegante y pasó varios minutos dando vueltas al estadio. Las cámaras de televisión le seguían a él y no a los atletas que le habían superado. Eso solo es posible en un deportista de su envergadura, en un hombre que traspasa todas las fronteras de la leyenda. El Olímpico de Londres no tenía más sentido que el que le pudiese dar Bolt. La jornada de atletismo estaba siendo magnífica, con Ayana, con Manyonga... pruebas fantásticas. Pero las entradas las había vendido el mito y no había más que poner el oído para darse cuenta de ese detalle. Desde el momento en el que apareció en las pantallas, aún en las entrañas de la instalación, el público empezó a rugir. Y el caso es que los decepcionó. Fracasó. No lo consiguió. Es algo muy raro escribir todas estas palabras asociadas a un coloso como este.

Había dado alguna señal previa. En las semifinales, Bolt no había sido el mejor Bolt, pero sí una versión reconocible de él. No corrió mucho, pero demostró en los metros finales que nadie en la historia ha sido capaz de mantener la velocidad como él. Nunca fue el mejor saliendo, pero sí el más grande en la capacidad de dosificar la energía.

Trató en semis, incluso, de imponer su superioridad psicológica. Bolt sabe desafiar como nadie y en esta ocasión le quería demostrar a Coleman quién manda en este deporte. Remontó como solo él sabe hacerlo y, encima de la línea de meta, miró a su izquierda buscando la mirada de su competidor, uno de los llamados a ser el sucesor del jamaicano en el trono de la velocidad. Esa mirada de Bolt, esas pupilas que se clavan en el contrincante, que amedrentan a todos aquellos que se atreven a desafiarle. Quien compite contra Bolt siempre sabe que lo está haciendo contra la historia, y son pocos los que aguantan esa presión. Pero no se gana con una mirada.

Cosas de la edad

Esta vez no fue así, porque en el deporte mandan las piernas, los hechos, los registros. Bolt cumplirá en unos días 31 años y ya no es el atleta que llegó a ser. Atrás quedan las marcas imposibles para el resto de la humanidad. En Río, que ganó, ya estuvo en unos registros más pedestres. No es que no siguiese siendo grande, eso se lo llevará a la tumba, pero el tiempo pasa para todos.

Y esa evolución, de algún modo lógica, nos lleva a este punto. Ha sido un invierno complicado, con dolores de espalda y visitas a su médico alemán. No había competido suficiente y cuando lo hizo no encontró unas marcas propias de un gran campeón. Los síntomas estaban ahí, pero nadie en su sano juicio apuesta contra un deportista así. El pensamiento general era que volvería con la gran competición. Tampoco era descabellado, con Bolt siempre fue así.

Por eso llegaba a Londres con sus sonrisas, con sus gestos, con esa aproximación tan caribeña de la vida. Recordaba a él porque era él, pero luego, a la hora de la verdad, no. Ahora parece olvidada la teoría, pero en otros tiempos fue muy famosa. Con el tiempo se gana resistencia y se pierde velocidad. Y eso le pasa a todos los humanos, incluido, por supuesto, el más grande de la especie.

Queda por ver ahora si esta será realmente su última carrera en solitario. Despedirse con una derrota no es propio de alguien que ha trazado su vida ganando, ganando y ganando. Pero un análisis frío lleva a pensar que es mejor así, que terminar una carrera con una derrota no es tan malo como hacerlo con dos seguidas. Lo que seguro que no va a volver es la juventud del velocista, esa pasó con el tiempo, siempre es así.

Repetimos, Bolt perdió, esta vez no ha fue el mejor. Le vencieron el sospechoso Gatlin y el irreverente Coleman. Pero, sobre todo, le ha ganado el paso del tiempo, la lógica de la biología que recuerda a todos que no se puede tener siempre el mismo éxito. Es una de las bases del deporte. Incluso para los extraterrestres. Adiós, Usain, el camino ha merecido la pena.

Fuente: Diario El Confidencial