John Travolta bailó al ritmo de 50 Cent

Travolta baila y se detiene el mundo. O Twitter. Que casi es lo mismo. Lo hizo el martes en Cannes delante del rapero 50 cents y el vídeo, obviamente, infectó todo aquello que no tiene cura. «Nunca he dejado de bailar», dice sonriente.

Durante los próximo 25 minutos que siguen no dejará de sonreír un segundo. Hable de lo que hable. La conversación tiene lugar un día antes de que el festival de festivales se rinda a sus pies. Ayer mismo le dedicó el mismo espacio y tiempo que hace no tanto le dedicara a Christopher Nolan. No es tanto agasajar a un mito (que también) como reconocer que las pistas de baile no sería lo mismo sin él. «Todavía puedo bailar. No a diario, pero cuando quiero adelgazar lo primero que hago es apuntarme a lecciones de baile. No hay nada, nada mejor para ponerte en forma. Usas todas las partes de tu cuerpo en cualquier tipo de baile: jazz, rock, claqué... Y es muy divertido. Lo recomiendo». Y le creemos.

A sus 64 años dice sentirse como nunca. Que, en su caso, sería como siempre. La historia oficial cuenta que Quentin Tarantino le rescató del pozo al que le arrojó los años 80. Él se revuelve y niega la mayor. Eso sí, con una sonrisa. Cómo no. «No, no, permita corregirle. Sólo fueron unos años. Siempre he creído que los actores tienen que vivir la vida y mezclarse con todo tipo de personas para tener cosas que retratar cuando trabajan. Fueron tres años los que me alejé de todo, o me alejaron, y los aproveché para viajar, conocer gente y experimentar la vida... En esa época bailé con la Princesa Diana [carcajada]».

Cualquiera que se acerque a este natural de Nueva Jersey y tras superar el shock del pelo.... (aquí conviene hacer una pausa. Ya está hecha. Tampoco vamos a detenernos más de la cuenta en un injerto, o lo que quiera que sea, tan inaudito). A lo que íbamos, una vez superada esa primera impresión, llega la de verdad. Al fin y al cabo, hablamos con el protagonista de, como mínimo, tres cintas irrenunciables: Saturday night fever, Grease y Pulp fiction.

«Me siento orgulloso. Especialmente de Pulp Fiction. Sé que cada joven que descubre Pulp Fiction la vive como una revelación. Y no olvide que Quentin Tarantino era un obseso de Grease y Saturday Night Fever. Así que no descarte que tuvieran algo que ver con su visión de Pulp Fiction. Recuerdo que él quería conocerme porque deseaba trabajar conmigo. Barajaba dos historias: una la acabó haciendo Clooney, Abierto hasta el amanecer, y Pulp Fiction. Un día íbamos caminando y me dijo: 'La película en la que te quería era la de vampiros, pero no respondiste muy bien'. Le dije: 'No me gustan los vampiros'. En aquel momento ni siquiera se llamaba Pulp Fiction, era 'esa otra película'».

Y llegados a este punto, y puesto que estamos en Cannes, no queda otra que recordar la Palma de Oro que fue suya. Entre algún que otro abucheo, pero suya. Y para siempre. «Había oído rumores de que querían darme el premio a mejor actor, pero sólo podían dar un premio... Esa película cambió la historia del cine. Sabíamos que iba a pasar algo así por la reacción que tuvo en la proyección: hubo una ovación de 25 minutos. Mi vida nunca ha vuelto a ser la misma. En la reunión que hicimos 20 años después del estreno recuerdo que estaba en la playa y empecé a pensar en todo lo que había pasado en mi vida, en el cine, en lo personal... y acabé llorando. No sé qué pasa con mi carrera que he tenido la suerte de participar en estas películas tan importantes», dice. Y ahora sí, con más justificación que nunca, sonríe. Incluso más que antes.

Sea como sea, además del pasado, está el presente. Y ése pasa por Gotti, la cinta dirigida por Kevin Connolly que reproduce la vida y milagros de uno de los mafiosos más recordados (no para bien) de la historia. Él es, en efecto, John Gotti, apodado Don Teflón por la dificultad para echarle el guante.

¿Se siente cómodo dando vida a mafiosos?

Más bien confiado. Tengo confianza en mi capacidad para convertirme en otra persona. Cómodo... ¿Hasta qué punto puede uno estar cómodo cuando le estás pegando a alguien un tiro en la cabeza? Los actores tenemos que hacer muchas cosas con las que no nos sentimos cómodos.

Cuenta que lo que le llamó la atención del personaje fue su particular código de honor. «Fue precisamente ese empeño en no traicionar nunca a la familia lo que acabó con él», reflexiona con cuidado, no vaya a leer nadie algo parecido a la admiración, pero con una sonrisa, claro.

Hablando de códigos morales. ¿Cree que hay un parecido entre el mundo criminal y Hollywood?

John Junior [hijo de Gotti] ha pasado muchos años intentando sacar adelante esta película y me contaba que en Hollywood había mucha menos gente de fiar que en la mafia que conoció por su padre. Y en efecto es así. Para sacar adelante este proyecto ha habido cuatro guiones, cuatro directores, cuatro repartos... Ha sido una pesadilla. Gatti daba su palabra y eso era ley. En Hollywood, lo único irrelevante es la palabra.

Aquí ya toca carcajada.John Travolta llegó a la escena por culpa de la familia. De ella y de sus pésimas notas escolares. Y así lo reconoce. «Mi madre era profesora de interpretación. Mi hermana ya había actuado en musicales de Hollywood cuando yo empecé a interesarme. En Nueva York sólo se sobrevive de tres maneras: actuando, cantando o bailando. Y si sabes hacer las tres cosas, tienes el triple de posibilidades de trabajar». Queda claro.

En cualquier, y a poco que surja la ocasión, no duda en poner sobre la mesa la que es, dice, su verdadera vocación: volar. «De esto me gusta todo. Me encanta que surja el tema porque tengo la impresión de que hablo siempre de lo mismo. Es lógico que me pregunten por el pasado, pero mi pasión es volar. Me fascina el diseño de los aviones, la velocidad y la distancia que llegan a alcanzar, incluso me gustan cuando son lentos. Si lo piensas, es lo más cercano a una experiencia espiritual. Estás en el aire, suspendido en el aire....

Ya que lo menciona, ¿cómo está su salud espiritual?

Bueno, tengo la Cienciología, que es mi religión. Me mantiene siempre fresco porque me renuevo constantemente y aparto las preocupaciones de mi mente.

También aquí, no lo duden sonríe. No hay forma de que deje de hacerlo. A pesar de todo, a pesar del pelo. Por dios.