Salida de Michelle Bachelet deja a América Latina sin presidentes mujeres

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Este domingo 11 de marzo, con la toma de posesión del presidente electo de Chile, Sebastián Piñera, y la salida del Gobierno de la presidenta, Michelle Bachelet, Iberoamérica cierra un ciclo: la región se queda sin presidentas. En ese ciclo estuvo presente la costarricense Laura Chinchilla.  

Las mujeres han marcado la actualidad política iberoamericana, en una década en la que cuatro países han estado gobernados por mujeres de forma simultánea, como son Dilma Roussef en Brasil, Laura Chinchilla en Costa Rica, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y, la última en abandonar su puesto, Michelle Bachelet en Chile. Además, en estos países se concentra en torno al 40 por ciento de la población de la región

La salida de la última mujer presidenta de la más alta instancia de poder de su país se produce tres días después de la celebración del Día Internacional de la Mujer, el cual ha generado que millones de personas del mundo, tanto hombres como mujeres, saliesen a las calles a reclamar una igualdad efectiva.

La Organización de Naciones Unidas para la Mujer (ONU Mujer) también ha lamentado la salida de la última presidenta, afirmando que "tuvimos un momento en la región con cuatro mujeres presidentas y esta semana vamos a perder a la última de ellas". También han declarado que "es importante señalar también cuánta violencia política se ha ejercido sobre estas mujeres que ejercieron cargos públicos y lideraron países. El escrutinio hacia las mujeres es mayor y nos toca usualmente pagar precios más altos". El escrutinio hacia las mujeres es mayor y nos toca usualmente pagar precios más altos".

Teniendo en cuenta que solo 16 países del mundo contaban con una mujer como jefa de Estado o de Gobierno, que en la región llegase a haber cuatro al mismo tiempo puede considerarse toda una excepción. Además, en los últimos 40 años habían tenido 10 presidentas

Aun a pesar de tratarse de un territorio con altas cotas de machismo, así como con unos niveles de violencia de género, feminicidios y violencia sexual muy altos, Iberoamérica ha gozado de una presencia, aunque no paritaria, alta de mujeres, en comparación con otras regiones del mundo. Además, hemos visto nacer en sus países, en este caso en Argentina, movimientos feministas que se internacionalizarían como es el caso del colectivo 'Ni una menos'.

Sin embargo, y aunque Iberoamérica celebra este año hasta seis elecciones presidenciales, ninguna mujer tiene opciones reales a hacerse con la presidencia de su país. ¿A qué se debe este retroceso de la presencia femenina en las altas instituciones ejecutivas?

LA MUJER Y EL PODER

La relación de la mujer con el poder nunca ha sido fácil. Hasta no hace tanto, los ejecutivos habían estado completamente compuestos por hombres, un fenómeno que, de forma lenta, está cambiando. Aunque incluso los estudios sobre este campo son escasos, por lo reciente de esta relación, el concepto de techo de cristal explica de forma acertada esta delicada situación.

Si bien es cierto que no existen leyes, normativas o trabas legales al ascenso de la mujer a puestos de responsabilidad, no solo en la vida política, sino también en el ámbito empresarial, social, ideológico..., este no se produce, o se produce muy levemente. Esta situación se ilustra con un techo de cristal sobre las profesionales, una limitación invisible pero infranqueable que no les permite ascender, independientemente de su formación, su iniciativa o su valía. El hecho de que el techo sea invisible no lo hace más débil, sino más difícil de combatir.

Esta situación se agrava porque muchas mujeres se ven expulsadas del mundo laboral, también de la vida política, por la maternidad. El cuidado de los hijos es una actividad, si bien imprescindible, penada si el objetivo de una mujer es alcanzar un alto puesto en cualquier ámbito, algo que no ocurre así con sus compañeros varones. La crianza continúa siendo una labor fundamentalmente femenina, así como los trabajos en el hogar y los cuidados a familiares dependientes.

A esto se suma el círculo vicioso que supone que las mayores cotas de poder estén en manos de los hombres, los cuales son los encargados de elegir a sus sucesores de cara a la celebración de elecciones, lo que supone que, de forma automática, sean otros hombres los elegidos.

Aún a pesar de que no dejen a otras candidatas a su paso, la "alta" presencia de mujeres en las presidencias de la región ha supuesto un punto de inflexión. El empoderamiento del que han hecho gala las presidentas de la región abre la veda para que otras, en el futuro, rompan ese techo de cristal, un techo que, por otro lado, empieza a agrietarse.