USA reconocerá a Jerusalén como la capital de Israel y las protestas no tardaron en llegar

A poster of Donald J. Trump in the ultra-Orthodox Jewish neighborhood Mea Shearim in Jerusalem. The president-elect has promised to relocate the American Embassy to Jerusalem early in his administration.

Oficiales de la Casa Blanca confirmaron que la embajada de Estados Unidos en Israel se trasladará a Jerusalén, una medida que implica reconocer a esa ciudad como capital del estado de Israel.

La decisión implica un mensaje político significativo de respaldo a Israel, que denomina a Jerusalén como su “eterna e indivisible” capital. Para el pueblo Palestino, el este de Jerusalén es la capital de su futuro estado.

La decisión de Trump alarma a los oficiales de las Naciones Unidos. La Organización defiende la creación de dos Estados independientes y separados para resolver el conflicto israelí-palestino.

Stephane Dujarric, vocero de esa entidad declaró horas antes del anuncio: “Lo que el Secretario General ha dicho sobre esto, es que consistentemente advirtió contra cualquier acción unilateral que tenga el potencial de socavar la solución de los dos Estados”.

El gobierno palestino respondió a través de su vocero: “Que la embajada americana se mueva a Jerusalén va contra la ley internacional y es inaceptable desde nuestra postura. Si esto llega a pasar va a complicar las cosas y el proceso de paz”.

La decisión fue una promesa de campaña de Trump pero la construcción de la embajada tomará años y no estaría terminada para el final de su mandato. 

Para los expertos la decisión es un grave obstáculo para el proceso de paz en el conflicto árabe israelí. La Casa Blanca, sin embargo, anunció que Trump está preparado para respaldar una solución de dos estados si las dos partes logran un acuerdo.

El Congreso de Estados Unidos aprobó en 1995 una ley que ordenaba mover la embajada a Jerusalén. Pero todos los presidentes americanos habían retrasado la decisión. El actual mandatario tiene el poder de revisar esa decisión cada 6 meses.

Indignación

Es un giro radical y de alta capacidad desestabilizadora. Un nuevo vendaval que ha sido recibido con consternación en una zona devastada por décadas de sangre y fuego. El movimiento islamista Hamás, que controla la franja de Gaza, ya ha amenazado con una nueva Intifada, y la OLP calificó la medida como el “beso de la muerte” para la paz.

En Turquía el presidente Recep Tayyip Erdogan sacó a relucir su intención de tomar represalias. “Podrían ir tan lejos como romper nuestras relaciones diplomáticas con Israel. Es una línea roja para el orbe musulmán”, sentenció.

De forma menos belicosa, aunque con las mismas dosis de indignación, se expresó la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), que aglutina a los países musulmanes. En un comunicado, advirtió a EE UU que el traslado supondría reconocer a esta ciudad como la capital del Estado israelí e ignorar la ocupación militar de Jerusalén Este, territorio palestino. “Sería una agresión descarada, no solo contra la comunidad árabe e islámica, sino también contra los derechos de los musulmanes y los cristianos por igual, y contra los derechos nacionales de los palestinos”, remachó.

Del lado europeo, el presidente francés, Emmanuel Macron, intentó sin éxito frenar a Trump en una conversación telefónica en la que le recordó que “la cuestión de Jerusalén debería tratarse en el marco de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos, aspirando a la creación de dos Estados que vivan juntos en paz con Jerusalén como capital”.

Tampoco tuvo mayor éxito la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, quien pidió “evitar toda acción que mine una solución a dos Estados entre Israel y Palestina”. Ni musulmanes ni europeos fueron escuchados. La Casa Blanca, nuevamente, desoyó a la comunidad internacional.