El adolescente que se casó con su maestra y hoy busca ser presidente de Francia

La literatura ha descrito en varias ocasiones el placer de un adolescente cuando se va a la cama con una mujer que por edad podría ser su madre. En Cien años de soledad, por ejemplo, José Arcadio, el hijo mayor de Úrsula Iguarán y José Arcadio Buendía, es interrogado por su hermano Aureliano a propósito de sus escapadas nocturnas.

El hermano le confiesa que se va donde Pilar Ternera, quien le deja el portón ajustado para que entre a su casa en donde hacen el amor hasta el cansancio. Al terminar el relato, Aureliano solo atina a preguntarle cómo era eso. El hermano le contesta: “Eso es como un temblor de tierra”.

Brigitte Trogneux tenía 40 años, un esposo y tres hijos cuando entabló una relación sentimental con el estudiante Emmanuel Macron, de apenas 16. Se vieron por primera vez en una clase del exclusivo liceo jesuita La Providence, en Amiens, en el norte de Francia, donde ambos habían nacido. Ella, el 13 de abril de 1953; él, el 21 de diciembre de 1977.

Ella, proveniente de una familia acomodada, era la profesora de literatura y desde ese momento quedó fascinada por la oratoria del muchacho que nutría con bellos poemas que recitaba de memoria ante sus compañeros. Uno de sus autores favoritos era y es René Char.

En la actualidad, Macron, de 39 años, es uno de los candidatos a la presidencia de Francia y ella, de 64, podría ser primera dama. En un país donde la vida privada de los políticos no suele ocupar la primera plana de los diarios; él, sin embargo, ha optado por explicar que los vínculos que lo unen a su esposa son profundos y que constantemente están aprendiendo el uno del otro.

“Escribir nos hizo reunirnos todos los viernes y nos unió de una manera increíble”, explicó ella en el documental Macron, la estrategia meteoro al recordar los primeros puentes de la relación en una época en la que, por edad, él ni siquiera podía siquiera votar. 

No se trata solo de la pasión desbordada de un adolescente por una mujer mayor, sino de un hombre que le ha demostrado un amor a prueba de todo. De hecho, esperó que ella se separara mientras él se iba a París, donde, en 2004 él completó sus estudios en la Escuela Nacional de Administración (ENA), una de las instituciones más prestigiosas por su excelencia académica y donde tradicionalmente se forman las élites francesas.

Macron brilló como estudiante y la aguardó. En la correspondencia mutua destacan las referencias literarias. “Espera aún a que yo venga / A romper el frío que nos retiene. / Nube, en tu vida tan amenazada como la mía. / (Había un precipicio en nuestra casa. Por eso hemos partido y nos hemos establecido aquí)”, le escribía citando al poeta Char.

¿Tuvo dudas ella de dejar a su marido para formalizar su vínculo con él? “Por supuesto que sí”, ha dicho. Pero, “pensé: voy a perder mi vida si no lo hago”.

Hace diez años se casaron en Touquet, una ciudad orgullosa de su rico patrimonio arquitectónico y donde respiraban la atmósfera intelectual que los une. En un video del matrimonio, que ahora se ha vuelto público por la campaña electoral, se ve a Macron agradeciéndoles a los hijos de su mujer por aceptarlo en la familia. “Tal vez no seamos una pareja del todo normal, un adjetivo que no me gusta mucho, pero somos una pareja real”, dice.

En Touquet compraron una casa donde procuran estar la mayor parte del tiempo. Son el núcleo de una familia numerosa. En efecto, los tres hijos del primer matrimonio de ella –con edades cercanas a las de Macron– son Sébastien, Laurence y Tiphaine, hoy ingeniero, cardiólogo y abogada, respectivamente. Ellos, a su vez, tienen 7 hijos, quienes para Macron, por sus edades, podrían ser sus hijos. Él dice que los trata y los ama como si fueran sus nietos.

La pareja se ha mostrado siempre unida en medio de los comentarios. No solo de una parte de la sociedad francesa, sino de su propia familia. Brigitte confesó en una entrevista a Paris Match: “Al final, el amor lo arrasó todo y terminé divorciándome de mi marido. No pude evitarlo”, reveló.

Contó también que su relación no fue en principio bien recibida por sus padres, que eran “bastante conservadores”. En palabras de ella: “Mis padres, ya mayores, no se lo tomaron muy bien, pero para mí no era un problema la diferencia de edad. Lo más importante eran mis hijos, que lo aceptaron enseguida. El resto es basura”.

Un término fuerte para quien ya en ese momento era la esposa del exitoso banquero y ministro de Economía del presidente François Hollande. Macron, el hombre que manejaba las finanzas de la quinta economía del planeta detrás de Estados Unidos, Japón, China y Alemania, ni siquiera salió a matizar las palabras de ella sino a rechazarlas de plano: “Mi esposa ha cometido un error hablando con Paris Match”.

Aclaró que confiaba plenamente en ella. Explicó que continuaría siendo la persona que le hablaría al oído a la hora de tomar una decisión política. “No estará escondida ni detrás de mí: estará a mi lado”.

La pareja ha debido sortear pruebas difíciles. Como en política no hay juego limpio, durante unas semanas sus adversarios pusieron a correr el rumor de que él en realidad era homosexual y que estaba con ella para aparentar. “Si comparte mi vida de la noche a la mañana, la única duda que ella podría tener es cómo me las ingenio –ironizó él–. Tendría que estar en dos lugares al mismo tiempo”.

Salió airoso de la rumorología y volvió a exhibirse como un político moderno, transparente y vanguardista. Cualidades que ha cultivado desde muy joven. Además de ser uno de los técnicos que mejor interpreta los complejos gráficos de los análisis financieros, también habla con propiedad de arte, literatura y música. De hecho, cursó seis años de estudios de piano en el Conservatorio de Amiens.

Macron es un intelectual con una formación de filosofía política, no solo por amor a las ideas. Es una filosofía que lleva a la acción.

 

Macron ha roto moldes también en su vida política. De hecho, empezó coqueteando con el Partido Socialista, pero eso no fue obstáculo para entrar a trabajar en la poderosa banca de inversión Rothschild. 

Allí permaneció durante cuatro años dando muestras de su gran habilidad para hacer dinero. Como socio de esta entidad financiera se encargó de una negociación entre Nestlé y Pfizer en la que estaban en juego 9.000 millones de dólares. Un negocio de cifras astronómicas de las que él obtuvo envidiables ganancias. Así incrementó aún más su fortuna personal. 

De ahí que algunos especialistas lo ven dubitativo porque no se define si es de izquierda o de derecha. Él, sin embargo, no se detiene en la discusión, sino que continúa adelante. En el año 2016 renunció al ministerio de Economía y se fue a liderar su propio movimiento político, que bautizó con el nombre de En Marcha, por EM, sus iniciales. “En Marche!, dice en su página web, es un movimiento abierto a todos, sin excepción”

Durante la campaña, se ha abordado en detalle la solidez intelectual de Macron, hecho atípico en estos tiempos de la política moderna. “Macron es un intelectual con una formación de filosofía política, no solo por amor a las ideas. Es una filosofía que lleva a la acción”, dice el periodista Eric Fottorino, director de Le 1 y autor de dos entrevistas en profundidad con Macron sobre filosofía y literatura, citado por el diario El País de Madrid.

En el mismo reportaje se dice que “hay algo” en Macron “de personajes ambiciosos y románticos como Julien Sorel, el héroe de Rojo y negro, de Stendhal, la novela del siglo XIX que él nunca ha dejado de releer”.

Y sobre su formación intelectual recuerda que de joven colaboró en un volumen de la densidad de La memoria, la historia, el olvido, del filósofo Paul Ricoeur, fallecido en el 2005, una de las mentes más lúcidas de Europa.

¿Qué pasará si Macron gana las elecciones? Los analistas prevén que tendrá muchas dificultades para gobernar. ¿La razón? No tiene una mayoría en la Asamblea Nacional, puesto que En Marche es un partido joven y sin estructuras consolidadas.

Él, no obstante, elude este interrogante y continúa pidiéndoles a los ciudadanos que lo acompañen. Los sondeos revelan un empate para esta primera vuelta entre la nacional populista, Marine Le Pen; el conservador François Fillon, el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, y el sorprendente y centrista Macron. Las diferencias entre los cuatro son mínimas, por lo que las opciones de Macron para ir a una segunda vuelta son altas.

¿Y si pierde? ¿Qué hará? Uno de sus amigos dice que es posible que se dedique a escribir novelas. Es más, ha confesado a sus más íntimos que ya escribió varias que todavía no han salido a la luz. Una se titula Babilonia, Babilonia, sobre las aventuras de Hernán Cortés. ¿Alguien la ha leído? Naturalmente que sí. Su esposa, su compañera de siempre y su mejor confidente. 

“Sólo tuvo una lectora, mi esposa, y no tendrá más”, dijo en una oportunidad.

Porque las letras, la cultura han sido un vínculo hasta ahora indestructible entre ambos. Son felices embriagándose en una especie de éxtasis al contemplar el arte y belleza. No ha faltado quien les diga que sufren del llamado síndrome de Stendhal, que consiste en alteración del ritmo cardíaco, palpitaciones y confusión cuando una persona es impactada por la belleza de una obra de arte.

En estos tiempos en los que la política es tan ruin, la historia de Macron es, por lo menos, un buen argumento para una glamurosa novela. Es uno de esos casos en los que la realidad desborda la ficción literaria.