Zidane y su nublada hora en el Real Madrid

El Diario El Mundo presentó la siguiente nota en referencia al actual estratega merengue: 

Zidane era uno de los que, como futbolista, llamaban por teléfono al presidente. En alguna ocasión, para asombro de Florentino Pérez, porque el francés sospechaba que algún compañero no le pasaba el balón. Como el galáctico que fue, sabe el actual técnico cuáles son las cosas buenas y malas del controvertido modelo del Madrid, y las consecuencias que tienen en el vestuario. La más visible, el deterioro de la figura del entrenador y la pérdida del principio de autoridad que corresponde a su rol.

Como jugador, Zidane hablaba poco, pero lo decía todo con una mirada, como recuerda Vicente del Bosque. En perspectiva, la etapa del salmantino hay que observarla como un periodo de transición entre el viejo y el nuevo Madrid, sostenida por equilibrios perdidos: Florentino-Valdano-Del Bosque. Zidane no tiene equidistancia con ningún vértice salvo con el presidente, y por ello ha dado un paso al frente con sus declaraciones, al exponer a los jugadores frente a sí mismos.

Entre los principios que desgranó en su primera rueda de prensa, cuando dijo que quería "llevarse bien con los jugadores", y la declaración posterior a la esperpéntica victoria en Las Palmas ("así no vamos a ninguna parte"), hay una diferencia evidente en la forma de sentir su relación con los jugadores. Es como si hubiera llegado al vestuario todavía como futbolista y en dos meses se hubiera hecho entrenador. Cuando vestía de corto, solía decir que su futuro no estaba en la dirección en un banquillo. El tiempo, sin embargo, reorientó su vocación, algo que suele suceder en el caso de numerosos futbolistas. La llegada express a uno de los banquillos más deseados, apenas sin experiencia anterior, salvo en el Castilla, supone una oportunidad y también un riesgo, y Zidane ha reaccionado, por el momento, frente a lo segundo. No quiere que se lo lleve la corriente.

El francés no está en la situación de otros entrenadores que llegaron al club y a los que ser despedidos, con títulos o sin ellos, no los ha desclasificado, porque el mercado entiende que el problema de los fracasos en el Madrid no está necesariamente relacionado con sus capacidades. Rafa Benítez, el último inquilino, ha encontrado trabajo en dos meses, aunque sea en un equipo en dificultades, el Newcastle. Carlo Ancelotti, su antecesor, dirigirá al Bayern Múnich. Para Zidane, sin embargo, es más complicado, dada su inexperiencia, un pasado en el banquillo por el que poder valorar su trabajo.

En una situación idéntica, Pep Guardiola llegó al primer equipo y lo primero que dijo no fue que quería llevarse bien con los futbolistas, sino que despidieran a Ronaldinho, Deco y Eto'o. Salieron los dos primeros. Fue una forma de fijar su autoridad. La impresión es que Zidane, sobre el que existían dudas en el entorno del propio club, quiere hacer lo mismo. Primero con raciones de banquillo y una distribución de los minutos que no difieren demasiado de la de Benítez; después, con las cargas de profundidad de sus declaraciones. De su mirada, sólo saben dentro.

Fuente: Diario El Mundo