Neymar y Mbappe enfrentados por objetivos en el PSG

Neymar se fue del Barcelona al Paris Saint Germain para vivir a todo tren sus fiestas y Mbappé para ganar los mejores títulos. Uno tiene la cabeza en la juerga y el otro en la pelota.

El primero contamina al segundo y los trapos sucios ya no se lavan dentro del vestuario. El francés ha madurado y duda de que el brasileño sea el mejor compañero de viaje en un ambicioso proyecto que lleva dos batacazos en la Champions y se desinfla porque los responsables han creado un monstruo. Le dieron las llaves del club a Neymar, todo tipo de privilegios y un trato de favor que sólo se puede sostener si repercute en triunfos incontestables. No ha sido así. Neymar no ha sido ni Messi ni Cristiano Ronaldo desde que llegó al PSG y pierde crédito. No tiene la admiración ni es el líder de una plantilla en la que Mbappé y otros muchos como Cavani o Thiago Silva representan la buena conducta, profesionalidad y responsabilidad.

Antes de que Mbappé diera el aviso de que hay algo que no le convence del proyecto del PSG se produjo un enfrentamiento entre Cavani y Neymar. El uruguayo, con Emery de entrenador, perdió el rol de lanzador de faltas y penaltis. Las discusiones se trasladaron al césped y la decisión del club fue clara: Neymar está por encima de todos. El clan de Neymar, con Alves como socio, lidera el vestuario y hace y deshace a su antojo. Al jovencísimo Mbappé le vacilaban y con bromas le pusieron el apodo de Donatello, por su parecido con la tortuga ninja de los dibujos animados.

 

El niño ha crecido. Lo que puede parecer una lucha de egos es el hartazgo de un Mbappé que es más responsable y necesita tener la seguridad de que, en su tercera temporada en el PSG, las cosas van a cambiar a mejor. Cuando es a mejor se trata de ser un equipo profesional y competitivo en todos las facetas. Concentrado para las grandes citas de la temporada que son la Champions. Estar centrado, bien preparado físicamente y enfocado en el fútbol. El vestuario del PSG debe ser un parque de bolas o un sambódromo. Un año hace gracia, dos cansa y un tercero tiene que ser insoportable para Mbappé, que puede presumir de un vestuario y un grupo como el de la selección francesa campeona del mundo.

La ocasión de Florentino

Kylian Mbappé está en condiciones de mirar a la cara a los dueños del Paris Saint Germain y pedir una subida de sueldo y algo más: que pongan orden. No ha sido posible con los dos entrenadores que lleva el proyecto. Ni con Emery ni el alemán Tuchel. Es Mbappé el que se siente capacitado y con el poder de echar un pulso a los propietarios del club parisino para que pongan la autoridad y haya profesionalidad. La que necesita y tiene que demostrar Neymar y su clan si tienen que seguir juntos. Mbappé ha generado inquietud en el PSG y la primera reacción es un sencillo comunicado oficial en el que se asegura la continuidad de Kylian. No valdrá solo con esto.

El beneficiado, sin lugar a dudas, es Florentino Pérez. Tiene que estar el presidente del Real Madrid comiendo palomitas si tiene un plan estratégico –como se cree porque es cercano tanto a Mabppé, Neymar como al Paris Saint Germain–. Cuando el Real Madrid estuvo cerca de fichar a Mbappé se encontró con el obstáculo de no poder garantizarle la titularidad. Hoy, el Real Madrid sería Mbbappé y diez más.

El fichaje deseado por los aficionados y con el que se podría empezar la reconstrucción en un equipo que perdió a Cristiano Ronaldo y abre la puerta a Bale. Mbappé no vino al Real Madrid en un error histórico de Florentino que puede tener remedio porque el chico da el aviso. No comparte el proyecto del Paris Saint Germain en el que Neymar tiene barra libre para hacer lo que le dé la gana dentro y fuera del campo. La segunda oportunidad que tiene el Real Madrid para fichar a Mbappé es más difícil que la primera. Por no decir imposible, en estos momentos. Pero hay partido si en el PSG tienen que elegir entre Neymar o Mbappé.

En la primera ocasión, el Madrid tenía que pagar 180 millones de euros, más las comisiones y hacer cambios en un equipo ganador. Eran días de vino y rosas en los que el Madrid celebraba el hito de ser el primero en ganar dos Champions consecutivas. Resultaba imposible garantizar un sitio en el once a un joven jugador de 18 años que asomaba la cabeza en el Mónaco. El Paris Saint Germain tuvo mejores artes de seducción. Florentino estaba en una nube con las dos Champions y había echado el ojo a Vinicius, la promesa brasileña que tiene que coger en algún momento el relevo de Neymar.

Hay más esperanzas entre el madridismo que dentro del club. Podría darse esa segunda ocasión para que Mbappé se suba al tren del Real Madrid si va en serio y es cierto que no está cómodo en el Paris Saint Germain por más motivos que los económicos. El sueldo es importante y el francés no es el mejor pagado en su club con 10 millones de euros netos –la mitad que Neymar–. El PSG pretende resolver este problema con dinero y nunca es una mala solución. Pero el problema que ha hecho público Mbappé es más profundo que una subida salarial. Para ser un ganador hay que ser responsable, estar en un club que tenga una estructura profesional que te haga sentir y creer en el proyecto ganador. Y compañeros, sobre todo si es el líder, que estén centrados.