El Real Madrid revive y demuestra que La Liga no está decidida

Han transcurrido tres meses y una semana desde que Santiago Solari asumió los mandos del Real Madrid. Poco más de 100 días desde aquel miércoles en Melilla, un escenario muy lejos de las fanfarrias a las que acostumbra el vigente campeón de Europa.

Desde entonces, en 25 partidos de cuatro competiciones distintas, el técnico argentino acumula 19 victorias, dos empates y cuatro derrotas. Un balance notable, potenciado además por los progresos en el funcionamiento colectivo del miércoles en el Camp Nou y de ayer en el Metropolitano. «Probablemente fue nuestro mejor partido desde diciembre», zanjó Solari en la sala de prensa del coliseo rojiblanco. Su inequívoco gesto de satisfacción era el de millones de madridistas, con el alma ya en vilo por la llegada de los octavos de la Champions.

«Créanme, hace dos meses también hicimos algunos partidos buenos», rememoraba ayer el técnico argentino, sin mencionar los duelos ante la Roma o el Valencia, por ejemplo. Obviando, desde luego, la debacle frente a CSKA o el soporífero 0-1 en Huesca. Ese largo proceso, gestado en diciembre durante el Mundial de Clubes, toma ahora verdadera forma, con estos espaldarazos en las guaridas de dos eternos rivales. En estos exigentes compromisos, el Real Madrid ha recuperado su fútbol y su competitividad. Dos factores, especialmente el segundo, que le convierten en un enemigo temible.

El miércoles, por ejemplo, la visita al Amsterdam Arena se enfoca desde un nuevo prisma. Y Solari ya asume sin rubor el papel de favorito. «Lo somos por historia, por algo que marcan los años», refrendaba ayer sobre el cruce ante un rival sumido de pronto en la incertidumbre. Ayer, el equipo de Erik Ten Hag patinaba (1-0) ante el Heracles, octavo de la Eredivisie, pese a formar de inicio con su mejor once, incluidos Matthijs de Ligt, Frenkie de Jong, Hakim Ziyech o Dusan Tadic.

"La Liga no está terminada"

Las dificultades del campeón holandés serán muy distintas a las encontradas ayer ante el Atlético, sostenido por la agresividad en la presión (21 faltas, cinco amarillas y una roja), pero víctima de sus problemas en el juego posicional. Ese cambio de paradigma, en teoría favorable, deberá ser resuelto el miércoles por Sergio Ramos, Luka Modric o Karim Benzema, los pilares del edificio. «La clave son siempre los jugadores. El equipo somos todos, me considero parte de él, pero los que se entrenan, ponen su físico, entrega, corazón y talento son los futbolistas», añadió Solari, cifrando esta responsabilidad en «un 95%» para su plantilla. Una nómina donde emergieron las figuras de Sergio Reguilón o Lucas Vázquez en detrimento de Marcelo o Isco.

La notoria mejoría de su trío de estrellas explica por sí misma la progresión del equipo. Asentado en la agresividad del capitán, que ahora adelanta 15 metros la línea, oxigenado por un Balón de Oro con más fuelle y maravillado por las sutilezas del francés, este Madrid se perfila de nuevo como candidato a todos los títulos. «La Liga no está ni mucho menos terminada», avisaba Solari. «El Madrid siempre pelea hasta el final, forma parte de su historia. Ahora debemos seguir sosteniendo esto cada fin de semana», añadía, consciente de los domingos que se avecinan ante Girona y Levante, antes del clásico liguero, ya en marzo, ante el Barcelona.

El aplomo bajo palos de Thibaut Courtois, puesto ayer a prueba ante miles de bufidos, y la puntería de Gareth Bale, autor de su centésimo gol con la camiseta blanca, explican también este buen momento. Si el galés se ahorra otro corte de mangas en las celebraciones, la felicidad podría ser completa. Y si Vinicius afina un día de estos con el gol, el asunto se pondrá verdaderamente serio.

Al descarado adolescente brasileño le bastaron 57 minutos para consagrarse en un derbi. «Es un niño de 18 años. A veces es fácil decirlo, pero algunos podríamos tener hijos de esa edad», valoró Solari, su mentor en el Castilla, asombrado aún por sus aceleraciones por la banda izquierda. Desde ese primer balón que dejaba correr entre sus piernas, hasta el penalti por fascículos de Giménez, que admitió haber contactado «con los genitales en el talón» del 28. «Tiene muchísimo tiempo por delante, pero aprende de los mejores», finalizó Solari, el gran artífice de este gran paso adelante del Madrid. Un coloso que vuelve a saber de sus poderes.