Prensa española: ''La Roja convence y se divierte con Costa Rica''

En España la prensa deportiva resaltó la actuación de su selección en la goleada sobre Costa Rica pero son conscientes que se enfrentaron a un rival con bajas importantes que opuso poca resistencia en el Estadio La Rosaleda. 

“Aceptemos que Costa Rica es selección en vías de desarrollo, que no menor, y que se veía privada de sus tres mejores futbolistas, pero reflejemos que quedó borrada del mapa en La Rosaleda por una Roja en versión sinfónica que acaba por desacreditar a cualquiera que se ponga por delante. Y eso que en amistosos de este calado suelen medirse la cuestión de Estado (de Costa Rica) contra la cuestión de ensayo (la de España)”, reseña Diario AS. 

Diario Marca por su parte publicó: “Salió Costa Rica a presionar arriba-arriba. Es decir en el área de España. A los cinco minutos estaban ya los del 'Machillo' Ramírez sometidos en su campo. A La Roja le sirvieron cuatro salidas de balón en combinaciones perfectas para que el enemigo se dejara de aventuras y comenzara a acumular jugadores por delante de su portero. Otro partido de balonmano, aunque Costa Rica, al menos, defendiera fuera de su área y enseñara la patita en alguna salida por fuera”.

En el caso del Diario El País considera que no esperaban el nivel mostrado por el conjunto tico: “España tiene arte. Hasta en los partidos simulados, caso del fraternal encuentro con Costa Rica. Un entrenamiento con alicientes populares en la periferia del juego, el coro halagador para el local Isco, la monserga de rutina con Piqué, la cháchara daltónica con la camiseta... Sobre la hierba, solo un color, el de la Roja, que se gustó frente a un rival distendido, con muchas grietas y fugas por todos los lados. Nada que ver con la Costa Rica esperada, una selección competitiva ya alistada para Rusia 2018. Con su seductor elenco de centrocampistas, el equipo español sacudió a su adversario con una pasmosa facilidad, como quien silba una nana. Con mucho tacto en los pies”. 

España va bien. Extremadamente bien cabría decir si se atiende al gallinero federativo que la envuelve sin rozarla. Aceptemos, por enfriar el ataque de entusiasmo, que Costa Rica es selección en vías de desarrollo, que no menor, y que se veía privada de sus tres mejores futbolistas, pero reflejemos que quedó borrada del mapa en La Rosaleda por una Roja en versión sinfónica que acaba por desacreditar a cualquiera que se ponga por delante. Y eso que en amistosos de este calado suelen medirse la cuestión de Estado (de Costa Rica) contra la cuestión de ensayo (la de España).

El invicto Lopetegui ha sabido impulsarse en el viento de cola: Iniesta y Jordi Alba aparecen renacidos, en el Barça y aquí; Morata se palpa los galones, en el Chelsea y aquí; Isco es el arte de birlibirloque, en el Madrid y aquí. Y el resto se deja llevar por la marea. O se sube a ella vertiginosamente, como Odriozola, una aparición inesperada que le pone alas al equipo. Los números verdes de esta Roja favorecen cualquier integración.

El mérito del técnico es haber conseguido despertar el interés de todos en partidos así, con poco botín y en medio de la competición doméstica. Y es que España salió con los que pondría en el estreno del Mundial, menos De Gea y más Kepa, porque siempre conviene abrigar al debutante con un público tan grato como el de Málaga, que sólo lo estropeó con Piqué. El ataque furtivo de Costa Rica, que se quedó en nada, le quitó valor a la prueba del meta.

El subidón de Isco

El partido fue lo que quiso Isco, que partió en la izquierda dentro del 4-1-4-1 inicial y acabó absorbiéndolo todo: el juego, el liderazgo, el público, la atmósfera jubilosa. Costa Rica fue incapaz de romper ese encantamiento y eso que la ruleta y el caño con los que se presentó hacían pensar en que el ambiente le haría sobreactuar. No fue así. Cada adorno tuvo efectos prácticos: un falta que le paró Carvajal, un pase de gol que Morata desaprovechó... “Baila con el balón”, dice del malagueño el ariete. Un hachazo infame de Waston le sacó del partido a hombros.

Ayudó el gol tempranero de Jordi Alba, que a la segunda acertó a producir en la izquierda lo que Odriozola preparó en la derecha. Esos laterales carnívoros de España desarmaron la defensa de cinco, que otras veces resultó un jeroglífico.

Errores claros de Carvajal y de su defensa desataron la hemorragia. Morata aprovechó uno y Silva, pichichi de Lopetegui, los otros dos. El canario no se ha movido un milímetro desde que llegó a La Roja: aquí juega mejor que en ninguna otra parte. Injustamente, los focos, durante los tiempos en que la Selección no se ponía el sol, no apuntaron demasiado a él. Iniesta, otro de la edad de oro, cerró la cuenta.

El partido, pese a los cambios, no atardeció pronto. Aspas, que ya ha cumplido 30 años, no quiere dejar pasar su último tren. Y Saúl y Asensio también se apuntan a un viaje que puede ser de lujo.

Sin triunfalismos, sin sobredosis de euforia, sin querer jugar los octavos antes de superar la ronda previa... pero esta España de Lopetegui parece ya preparada para la batalla mundialista. Lo demuestra y confirma cada vez que se pone la roja y salta a un terreno de juego más allá de quién sea el rival y el escenario. Por ellos, Rusia 2018 podría comenzar mañana.

Este equipo huele bien. Muy bien. A fútbol de verdad. A mando, control e iniciativa. A posesión de balón. A triángulaciones en campo contrario. A entradas por las bandas. A presión alta y recuperaciones inmediatas. Por olisquear, este equipo también desprende aroma de gol. Ese que no siempre ha acompañado y correspondido al buen juego sistemático que practican estos hombres.

Se podía esperar que el técnico aprovechara la ocasión para mover el árbol de su teórico once titular, que lo tiene casi perfilado. Pero no. Prefirió, de salida, darle un voto de confianza más y después ya pasó a las pruebas y a las recompensas a gran parte de los seleccionados convocados.

Un once titular perfilado

Apunten. Los que anoche jugaron inicialmente contra Costa Rica con De Gea por Kepa y Koke y Carvajal en competencia directa con Thiago y Odriozola, conforman el once que Lopetegui tiene preparado para comenzar el Campeonato. Si mañana fuera el debut, ellos tendrían ventaja. La gran suerte del técnico es que tiene detrás no menos de media docena de jugadores preparados también preparados para la batalla.

Volvamos al presente. Otro notable partido de España. Bueno de verdad, al menos hasta que comenzó a romperse con los cambios, que, se quiera o no, rompen la continuidad del juego aunque los que entren estén tan inspirados como los que se van. Como fue ayer el caso.

Sometimiento al rival

Salió Costa Rica a presionar arriba-arriba. Es decir en el área de España. A los cinco minutos estaban ya los del 'Machillo' Ramírez sometidos en su campo. A La Roja le sirvieron cuatro salidas de balón en combinaciones perfectas para que el enemigo se dejara de aventuras y comenzara a acumular jugadores por delante de su portero. Otro partido de balonmano, aunque Costa Rica, al menos, defendiera fuera de su área y enseñara la patita en alguna salida por fuera.

Poca chicha. La Selección no le dejaba. Sometimiento total. Piqué y Sergio, casi en la divisoria. Odriozola y Jordi Alba repitiendo esfuerzos por sus bandas casi siempre recompensado con un buen centro, bien en largo o en corto. Con todo el estadio pendiente de Isco, un alma libre que se movió con brillantez por donde quería, incluidos los contrarios, aparecieron también, excelsos, Silva e Iniesta. Su juego entre líneas es una de las siete maravillas del fútbol.

Por fuera y por dentro

A base de paciencia, de circulaciones largas de banda a banda, de triángulaciones y cambios de orientación, España fue montando su superioridad por las bandas para encontrar por el pasillo interior al aliado perfecto, Morata. Se tiraba el del Chelsea a la espalda de los dos centrales laterales como un sabueso del desmarque de ruptura.

El primer gol lo fabricaron Odriozola y Silva por la derecha y el segundo Iniesta y Silva por la izquierda. En las dos acciones combinativas estaba Morata en posición de remate. No llegó a la primera, sí a la segunda.

Cuatro cambios en el descanso. Todos naturales. Ninguno afectó al 1-4-3-3, dibujo táctico inicial. Llamó la atención que Saúl volviera a entrar en la posición de Busquets por delante de Illarra. Arriba, más madera para el juego asociativo con la presencia de Aspas, un delantero con alma de centrocampista que mezcla bien con todos.

Silva se cansó de dar pases para hacer los dos siguientes goles. Uno con la derecha y otro con la izquierda. Más cambios. Ovación de época para Isco, antes de que Iniesta se llevara su recompensa. Un tanto después de una larga conducción. Debut para Luis Alberto y otra gran noche de fútbol.

España tiene arte. Hasta en los partidos simulados, caso del fraternal encuentro con Costa Rica. Un entrenamiento con alicientes populares en la periferia del juego, el coro halagador para el local Isco, la monserga de rutina con Piqué, la cháchara daltónica con la camiseta... Sobre la hierba, solo un color, el de la Roja, que se gustó frente a un rival distendido, con muchas grietas y fugas por todos los lados. Nada que ver con la Costa Rica esperada, una selección competitiva ya alistada para Rusia 2018. Con su seductor elenco de centrocampistas, el equipo español sacudió a su adversario con una pasmosa facilidad, como quien silba una nana. Con mucho tacto en los pies.

No hay equipo en el universo con la nómina de volantes que alumbra España. En Málaga se alinearon el capitán del equipo que encabeza la Liga (Iniesta), quien lleva el brazalete en el líder de la Premier (Silva) y el guardián de la pelota en quien manda en la Bundesliga (Thiago). Por si fuera poco, en su radar, Busquets, un simposio de fútbol en sí mismo, e Isco, Houdini con botas. Cuando suenan los violines, una línea incontenible para Costa Rica y muchísimos otros. Ocurrió en La Rosaleda, con una España afinada, sinfónica. Fútbol tertulia, cada toque un mimo, un rondito a la espera de que Morata estire al conjunto. Ya sea con sus desmarques en vertical o sus viajes los costados. Como pega, en más de una ocasión, con la jugada ya trenzada de nuevo se imponía otra pausa. Sin remedio, obligada por el vacío existencial en el área ajena. La Roja no solo requiere de la exquisitez de sus volantes, sino de su asalto hacia los caminos del gol, aunque sea de forma furtiva. Nadie lo interpreta como Silva, máximo goleador en la etapa de Lopetegui. En Málaga, otros dos.

Antes de que el canario los enchufara a pares, el cuadro de Lopetegui ya había enfilado el duelo de forma madrugadora. Lo que tardó Odriozola, un tiro como lateral, alguien que parece llevar dos vidas como internacional, en percutir por su ruta derecha. Como tanto el jugador de la Real Sociedad como Jordi Alba por el otro carril vuelan con una marcha superior en un equipo más corto que largo, los dos zagueros se encontraron en las esquinas del área. Alba clavó el gol con puntería y unos cuantos costarricenses ensimismados.

Si fueron los laterales los coautores del primer tanto, el segundo tuvo otro dictado. Una pared pictórica entre Iniesta y Silva que tras un rechace embocó Morata. Con Diego Costa en la sala de embarque, el ariete del Chelsea hila de maravilla con el juego de seda de los medios. Morata es algo más que un goleador. Sus pies no chirrían cuando la acción demanda un control preciso que dé carrete a la jugada. O cuando se trata de plantarse como una boya para que se aventuren los centrocampistas. Sumisa Costa Rica, tanto Morata como Piqué —en diversas producciones a balón parado— se arrimaron al gol.

Los cambios al descanso no restaron chispa a España hasta el tramo final. Nacho y Bartra evitaron cualquier tajo al debutante Kepa —su única parada fue en la última milésima del partido—, lo mismo que antes habían hecho Ramos y Piqué. Saúl se asentó en la zona de Busquets y Aspas y Asensio saben dar con las teclas adecuadas. Hasta Luis Alberto pudo brindar por su debú.

Dos arreones de Silva y un disparo lejano de Iniesta fulminaron definitivamente a Costa Rica, que puso mucho de su parte en cada gol. Ya fuera por las tiritonas de su portero o los despejes pifiados de la retaguardia. Nunca fue una Costa Rica reconocible. España se lo pasó en grande hasta que un hachazo de Waston, el único de la noche, dejó malherido a Isco, que se fue renqueante y a hombros de sus felices paisanos. Los españoles, con la faena resuelta con goles y un goteo frecuente de fútbol-arte no quisieron más riña. Mejor una tregua que otra patada de más. Hasta la próxima cita internacional, allá por marzo, hay muchos otros intereses en juego. Hasta entonces, España sabe a lo que juega, con quién se juega y cómo se juega bien. Un amistoso irreprochable.

La Selección española de Julen Lopetegui enamoró a la afición de la Rosaleda, que olvidó debates y polémicas para disfrutar de uno de los partidos en los que más superioridad ha mostrado el conjunto nacional. Costa Rica pagó los platos de un equipo con ganas de reivindicarse y que, lejos de relajarse por ser un amistoso, mostró lo mejor de su fútbol.

Cinco minutos tardó España en adelantarse. Fue gracias a Jordi Alba, que aprovechó un buen centro de David Silva para rematar a placer sobre Danny Carvajal, el portero sustituto del lesionado Keylor Navas. 20 minutos después, y tras dominar con solvencia, Álvaro Morata demostró que es un ‘9’ vestido de ‘7’ y, con una gran inteligencia, aprovechó un mal balón despejado de la zaga costarricense para poner el 2-0.

En la segunda mitad, en la que Lopetegui metió cuatro cambios de golpe (Saúl, Nacho, Bartra y Aspas por Busquets, Ramos, Piqué y Morata), fue el de casi siempre, David Silva, quien marcó la diferencia y por partida doble. En apenas cinco minutos, el máximo goleador de la era Lopetegui hizo dos tantos para poner en 11 su cuenta personal con el técnico vasco al frente del equipo. En un meneo memorable del equipo español, Andrés Iniesta se unió a la fiesta a cuarto de hora del final para, con un zapatazo, batir a un desafortunado Carvajal. Justo después, Luis Alberto entró por el centrocampista blaugrana para disputar sus primeros minutos con la elástica rojigualda.

Pero sin duda, el héroe de la grada fue Isco Alarcón. Y el malagueño, ante su público, se creció. Tiró del equipo (especialmente en la primera mitad), y desquició a la defensa tica. Especialmente duro fue Waston, que obligó a Lopetegui a cambiarle tras una dura patada en la pierna izquierda. La Rosaleda le dio una sonora ovación como despedida, y pese al susto inicial, nada hace pensar que sea grave.

La selección superó sin problemas el primero de los dos amistosos destinados a preparar el Mundial de Rusia del próximo verano, venció pero sobre todo convenció ante Costa Rica, un equipo con bajas, cierto, pero que estará en la cita mundialista. España se gustó mostrando un buen fútbol durante mucos minutos, gustándose y deleitándose en el toque, su seña de identidad. Liderados por el trío Iniesta-Thiago- Silva, la Roja bordó el fútbol con combinaciones al primer toque, pases imposibles al espacio. Un derroche de imaginación absoluto con una efectividad considerable cara a puerta. Y cuando no aparecía la combinación en el centro del campo, surgía Isco, el héroe de la noche para la afición de Málaga, su ciudad. El del Madrid sabía que era su noche y que no podía defraudar a sus paisanos y no lo hizo. Desplegó todo su repertorio para el agrado de la parroquia malagueña.

La superioridad hispana ante Costa Rica fue total y se reflejó muy pronto en el marcador. Era el minuto seis cuando Jordi Alba ponía el 1-0 al rematar un centro de Silva. Un gol dedicado a su futuro bebé que abrió el camino de la goleada. Con el viento a favor, España comenzó a gustarse con un Morata buscando siempre la espalda de los centrales de una Costa Rica que apenas le dio trabajo al debutante Kepa. Las ocasiones españolas iban llegando con mucha asiduidad y Morata marcó el 2-0 en el minuto 22 tras una jugada entre Iniesta y Silva. El festival español era total y el del Chelsea tuvo el 3-0, pero falló en un mano con el portero tras un pase magistral de Isco.

Balones a Piqué

Al descanso se llegó con ese 2-0, pero con una espina clavada para la selección. Los pitos a Piqué se repitieron en La Rosaleda, aunque también hubo aplausos como respuesta a esos silbidos. Pero para respuesta, la del equipo que ante ese panorama. se dedicó a buscar a Piqué en cada acción a balón parado para que el azulgrana marcara. A pesar de los muchos intentos, Piqué no marcó y en la reanudación, Lopetegui le dejó en el vestuario porque empezó a mover el banquillo. Además del central se fueron Ramos, Busquets y Morata. Cuatro variaciones que no mermaron el potencial de la Roja que siguió gustándose, con Isco y Silva como protagonistas. El del City marcó el 3-0 y el 4-0 en cuatro minutos, lo que certificaba el festival español en Málaga. Una ciudad, un estadio, La Rosaleda, que despidió a Isco puesta en pie y con el jugador agradeciendo todo el cariño recibido Un cambio que llegó justo de que el del Real Madrid recibiera una fuerte entrada.

De Isco a Iniesta

Marco Asenso entró por Isco y la Roja siguió a lo suyo, mandando en el marcador. El testigo de las ovaciones de la grada se lo pasó Isco a Iniesta que se marchó del campo como lo que es, un grande. Marcó el 5-0 en el minuto 73 de un fuerte y colocado disparo desde fuera del área y justo después Lopetegui lo cambió para que debutara Luis Alberto. El azulgrana se marchó con la grada despidió puesta en pie y con todo el estadio coreando su nombre.

La afición estaba disfrutando de lo lindo con la goleada de la selección española que siguió buscando más goles ante una Costa Rica que nunca tuvo opciones de hacerle daño a los de Lopetegui. Tras el 5-0 de Iniesta, el partido entró en una fase de juego más aburrida, de mucho juego en el centro del campo y sin apenas ocasiones. De España, claro porque Costa Rica seguía sin aparecer por la meta de Kepa.

El encuentro no podía acabar así y en el último minuto, Iago Aspas tuvo el 6-0 en el marcador, pero su remate se fue a córner que acabó con una ocasión de Celso Borges que paró Kepa en su única atajada en todo el partido. Así se puso fin al primer amistoso de España para el Mundial de Rusia que los de Lopetegui superaron con nota

 

Hubo un minuto de silencio para Rivilla, Sanchís y Chiquito de la Calzada. La gente lo aplaudió al anunciarse. Chiquito no era muy aficionado al fútbol. Una vez le preguntaron por este deporte: «Lo he visto muy poco, pero lo poquito que vi siempre estaban en el suelo; estarán descansando o tendrán hematomas o cosas sexuales». Escrito así no tiene ninguna gracia, pero al balón lo llamó finstro, y eso de repente tiene sentido.

Pese al amistoso, España salió al campo motivada. Ramos llevaba esa cara suya como de embarcarse en una expedición a Marte. En el 4-1-4-1 en el que se puede resumir a España, la línea de medios tenía a los jugadores que definen el juego del City, Bayern, Barça y Real Madrid. Eso convierte a cualquier equipo en aspirante a todo. Isco, Silva, Iniesta y Thiago dieron una exhibición de toque y detalles técnicos. Cada uno tiene su virguería propia, parecen superhéroes bajitos. La Patrulla Ñ.

Si algo se puede objetar es que aunque se mueven mucho lo hacen en corto, con apoyos constantes, pero pocas «rupturas». Para esto están los laterales. España también va bien servida de eso. Comenzó atacando alocadamente por las dos bandas: Alba y un Odriozola que es de una frescura sorprendente. Llega hasta el fondo con velocidad, en el instante justo y con la claridad de un interior. No es un lateral cabezón, pesado, cabizbajo. Es fino. El gol inicial, en el minuto 5, resumió esto: llegada de Odriozola, pase final de Silva y aparición goleadora de Alba.

Odriozola sube tanto y tan fluidamente que podría llamársele Hidriozola. Surgía como de la espalda de Iniesta. Eso si, se le nota aún liviano en la defensa. El otro componente que falta –dando por descontada la excelente labor de viga inteligente de Busquets– es Morata. El debate previsto entre él y Diego Costa es bastante absurdo desde el momento en que el Chelsea (es decir, Conte) decidió. A Morata le sale todo, le salen ya hasta los controles. Solo falló un mano a mano al final, tras pase sorprendente de Isco. El 2-0 fue suyo. Hubo una combinación habitual entre Iniesta y Alba y el portero Carvajal se dejó el balón. Morata entró en la jugada para rematarlo con mucha autoridad.

Morata aportó algo nuevo. Además de haber mejorado su entendimiento en corto y por debajo con los mediapuntas, hace algo muy bien: acompaña con desmarques constantes el ir y venir de banda a banda del toque español. Digamos que imita con potencia arriba el balanceo del toque. Es como si le diera espuma a la ola incansable del tiquitaca.

El toque nacional, con sus comprensibles decaimientos, tuvo un ritmo aceptable. Eso es un logro de Lopetegui. Si se puede medir la velocidad de una posesión, la suya ha mejorado mucho. Con el 75% de la misma, llegaron unos minutos de aburrimiento en los que solo destacó un caño de Isco a un «tico».

España tuvo momentos de sadismo por su banda izquierda. Alba, Iniesta e Isco martirizaron a los rivales. Isco estuvo especialmente brillante, con ganas de agradar a un público entregado –si es que alguno no lo está--. En la delgada línea entre el gustar y el gustarse.

Costa Rica estaba ya en formación reprimida de 1-5-5, número sensible, y solo destacaba el corpulento y baloncestístico central Waston, empeñado en obstaculizar los remates de Ramos. Era como un enorme biombo –con algo personal– que se le ponía delante. La primera parte acabó, pues, con varios saques de esquina que remató sin suerte un motivado Piqué.

El debutante Kepa, portero de estirpe, no había tocado la pelota. Hubo varios cambios en el descanso, el más interesante de todos fue la posición de Saúl donde Busquets.

Silva, pichichi del Lopeteguismo, marcó el tercero después de otro regalo de la atribulada defensa costarricense; y repitió poco después en otro zurdazo sin oposición de Carvajal, un portero que explica la adoración que sienten en Costa Rica por Keylor Navas. Lo mejor de la jugada había sido la desconocida agresividad con la que Silva robó el balón.

A Isco se le quiere con la hipnótica pasión del «Isco, Isco», y a Iniesta con mucho respeto. El malagueño fue sustituido por precaución tras una entrada del elemental Waston. E Iniesta marcó el quinto antes de irse, un chut que volvió a botarle en la cara al portero Carvajal.

En el cambio debutó Luis Alberto, el gaditano errante que está triunfando en la Lazio. ¿Pero dónde lo mete Lopetegui? Es una España «duodenal». 

En el ritual de los partidos de la selección española está el himno, está el saludo entre capitanes, el sorteo de los campos, la foto oficial y los pitos a Piqué. Forman parte ya esos silbidos del escenario de España cuando juega como local. Asumidos como algo casi natural, el equipo de Lopetegui logró abstraerse y despachar una actuación convicente, brillante a ratos, frente a una selección como Costa Rica, tan mundialista como inferior. Cierto que al oponente le faltaban algunos de sus mejores hombres (Keylor Navas, Bryan Ruiz y Campbell), pero la noche malagueña dejó en el aire la sensación de que esta España va con buen tranco hacia el Mundial de Rusia.

Más allá del debut de Kepa Arrizabalaga -el séptimo en la era Lopetegui, seguido después por el octavo, Luis Alberto- el equipo diseñado por el seleccionador bien podría ser el que comenzase la competición veraniega donde España pretende recuperar el sentimiento tras lo ocurrido en Brasil. Si acaso, con dos dudas: Carvajal y Koke. En el lateral derecho a Julen se le ha generado un problema. Bendito seguramente, pero problema. Carvajal no hizo nada salvo lesionarse para perder el puesto, de modo que lo lógico sería pensar que lo recuperará cuando vuelva. Ocurre que en ese tiempo la irrupción de Odriozola es centelleante. 

La velocidad, el despliegue y el buen pie del lateral de la Real Sociedad hacen difícil sacarle de ese costado del campo. Él y Jordi Alba, de hecho, fabricaron peligro frente a Costa Rica durante toda la noche. La otra duda es Koke, aunque con más precisión convendría pensar en que la duda es quién será uno de los dos acompañantes de Sergio Busquets. En La Rosaleda le tocó a Thiago, intrascendente como ya demasiadas veces. Como quiera que tampoco el centrocampista rojiblanco termina de adueñarse del puesto, la irrupción de Saúl resulta llamativa. En el descanso entró por Busquets, pero admitiendo lo intocable de Sergio, el puesto a su lado sigue vacante.Fue España un equipo convincente, simétrico en la circulación del balón y asimétrico para romper por fuera y también por dentro. Tras la jugada del primer tanto, nada más comenzar, originada en la derecha y culminada en la izquierda con el remate de Alba, el segundo llegó en una pared maravillosa entre Silva e Iniesta. El centro del canario dejó un rebote que aprovechó Morata, un tipo con 13 goles ya como el que no quiere la cosa. El resto del primer tiempo fue un intento, consciente o no, de que Piqué marcara un gol. Hasta cinco saques de esquina remató. Sin suerte.

Silva sería la continuación de España en el segundo tiempo. Plena de intensidad por los cambios, el mediapunta del City hizo el tercero y el cuarto. El cuarto, por cierto, fue todo suyo. Robó el balón tirándose al suelo, condujo hasta el área y disparó en una cadencia no muy habitual en un jugador de tantísimo talento. El partido se desnaturalizó en esa segunda parte, víctima del interminable rosario de cambios en uno y otro equipo, pero España mantuvo el pulso. Lejos de acomodarse en la superioridad, cualitativa y cuantitativa, siguió ejercitando la presión en campo ajeno, el movimiento rápido de pelota y las rupturas por los costados. En ese escenario fueron apareciendo actores nuevos (Saúl, Aspas, Asensio...) pero los laterales y Andrés Iniesta no variaron. No fue un partido para medir a nadie con excesivo celo, pero, convenientemente dosificado, a Andrés le queda mucho fútbol. Justo antes de irse, hizo el quinto con un disparo desde fuera del área, bien es verdad que sin oposición. Poco antes se había ido Isco, el futuro, el presente, lastimado por una entrada a destiempo tras un inicio fulgurante. En el día, en fin, de homenaje a Sanchís y a Rivilla -también a Chiquito de la Calzada-, en el día en que se pitó -otra vez- a Piqué, en un día perdido de noviembre ante un rival sin luces de neón ni en el nombre ni en el campo, España goleó. España gana, convence y hasta se divierte a ratos. Queda mucho para el Mundial, pero el equipo que está armando Lopetegui suena realmente bien.

Diario Sport 

La selección española continúa acumulando excelentes sensaciones. En esta ocasión pasó por encima de otro rival mundista en Rusia, Costa Rica, con un juego de alta escuela, añadiendo una notable efectividad y firmeza defensiva. Todos los componentes para soñar en las más altas cotas en la Copa del Mundo.

Costa Rica salió con ganas de presionar arriba y de dificultar el juego asociativo español, pero su intento fue totalmente fallido. La Roja exhibió su mejor versión del juego de toque para sortear contarios ya fuera con la rápida circulación o con regates de sus 'jugones'. El juego fue espetacular y pronto llegaron las ocasiones con Jordi Alba de protagonista. El de L'Hospitalet primero lanzó alto con la derecha tras un centro de Odriozola y, a la segunda, ya no perdonó después de un pase atrás de Silva. Alba marcó con un disparo seco y cruzado.

ODRIOZOLA, UN AVIÓN

España estaba marcando las diferencias especialmente por la derecha con un Odriozola que volaba. El lateral de la Real Sociedad fue un portento y alcanzaba la línea de fondo con mucha facilidad. Silva le ponía buenos balones y Odriozola dañaba constantemente a Costa Rica.

El gran beneficiado del vistoso juego español fue Morata al que se le sucedían las ocasiones. La primera la no la pudo marcar, pero sí que estuvo atengo para aprovechar un rechace del portero y anotar el segundo en el área pequeña. El delantero del Chelsea dispuso de otras dos buenas oportunidades. En una Isco lo dejó solo delante de Carvajal y tiró al cuerpo. En la otra tampoco estuvo fino para acabar otra acción combinativa de lujo.

MARAVILLAS DE ISCO E INIESTA

Isco estaba motivado y dejando grandes detalles ante su público. Su conexión con Iniesta es una delicia y son capaces de hacer cualquier maravilla en el campo. El malagueño acarició el tanto con una falta que Carvajal desbarató cuando el balón se dirigía a la escuadra.

Por su parte, Piqué tuvo que escuchar otra vez pitos, pero no le afectaron lo más mínimo. El catalán fue la principal amenaza española a balón parado. Hasta tuvo tres intentos para marcar. Un tras controlar con el pecha y tirar alto, mientras que los otros dos fueron cabezazos desviados.

El central, junto a Busquets, Morata y Sergio Ramos se quedó en el banquillo al descanso. Lopetegui no quería forzar a sus jugadores físicamente y también le apetecía ver a futbolistas como Bartra o Iago Aspas.

APARECE SILVA

España siguió plasmando su superioridad a través de sus centrocampistas. El protagonismo del segundo tiempo recayó en Silva. El canario marcó con su pierna menos buena, la dercha, y también con su zurda de seda con sendos lanzamientos cruzados. Dos tantos para cerrar la contienda y dar tiempo al homenaje a Isco, quien fue aclamado al ser sustituido nada más recibir una fuerte entrada. Lopetegui no quería males mayores.

Era una jornada propicia para debuts y, además del meta Kepa, también se estrenó el ex blaugrana Luis Alberto, quien sustituó a Andrés Iniesta, aclamado en La Rosaleda, tras anotar un golazo desde fuera del área. El capitán demostró que físicamente está a  tope y con confianza. Hasta Kepa tuvo su momento para lucirse y cerrar así el partido con una 'manita' redonda.