Piqué y Shakira: el convulso mundo de esta pareja sobreviviente

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Shakira ha tenido una vida vertiginosa en Barcelona en la última década, en la que ha conocido la plenitud como madre y la felicidad conyugal -dos hijos con Gerard Piqué, una relación en pareja casi tan larga como la que mantuvo con Antonio de la Rúa entre 2000 y 2010-, pero que han afectado al desarrollo normal de su carrera musical y al sus negocios por estar lejos de América -su mayor mercado- y por la dificultad de conciliar una agenda y una vida personal exigentes. 

Y la historia que late por debajo de todo esto, y que hace años que se rumorea, es la de una crisis de pareja intermitentes entre Shakira y Piqué.

Era una sospecha que recorría la ciudad y que de vez en cuando se amplificaba cuando los informantes anónimos daban pistas sobre una discusión de la pareja en público en cierta crepería de la zona alta, en la que Piqué habría recriminado a Shakira que siempre llegara tarde a los sitios -lo que confirma una vez más el famoso comienzo de Anna Karénina, que sentencia que cada familia infeliz lo es a su manera-, o que se reactivaba cuando Shakira no bajaba al césped tras una victoria del Barça, como en la pasada Copa del Rey de 2018, por ejemplo, para compartir el triunfo con su hombre.

Ninguno de estos ejemplos es definitivo por sí mismo, pero todos sumados alimentaban la teoría de los baches en un camino ya de por sí accidentado.Esta semana se ha confirmado por fin que había crisis, que no era ninguna teoría conspirativa, y ha sido la propia Shakira quien la ha reconocido, al más puro estilo Lady Gaga, a través de su nuevo documental, Shakira en concierto: El Dorado World Tour.

La película es un artefacto promocional que recorre su gira mundial de 2017 y 2018 -que empezó catastrófica y concluyó triunfal-, con algo de costumbrismo de camerino y confesiones que son como una extensión de los stories de red social que aportan la tan deseada transparencia, y no es una metáfora, pues es Shakira quien está desglosando los momentos clave del documental en su Instagram, en el que cuenta con 60 millones de seguidores.

El momento más comentado, de entre los ya conocidos -la película entera se podrá ver este miércoles en un estreno en cines de toda España limitado a una sola noche-, es el deterioro de su relación con Gerard Piqué a propósito de los accidentes derivados de su gira. En 2017, Shakira sufrió una lesión en las cuerdas vocales y tuvo que interrumpir los conciertos. Tenía dos opciones: pasar por el quirófano o reposar durante unos meses. Eligió lo segundo, para estar más tiempo con sus hijos, Milan (2013) y Sasha (2015), pero esa decisión también le arrastró a una espiral de inactividad que, tal como se desprende del documental y de algunas declaraciones hechas por la propia Shakira en la presentación del mismo a los medios de comunicación, se tradujo en una cierta sensación de derrumbe.

CRISIS Y NUEVA CASA

"Me decía que no quería un futuro con una mujer amargada", cuenta que le dijo Piqué al ver cómo se abandonaba a la indolencia y al derrotismo. También explica que el socavón atravesado en 2017 fue el revulsivo que les hizo volver a recuperar las ganas de vivir juntos y reforzar los vínculos de pareja. No en vano, en 2018 estrenaron nueva casa, una mansión blanca e iluminada de nueva construcción en un terreno de casi 4000 metros cuadrados a las afueras de Barcelona.

Los primeros años de Shakira en su nueva ciudad fueron fulgurantes, casi un afrodisíaco para ella. Había conocido a Gerard Piqué durante el rodaje del videoclip de Waka Waka, que iba a ser el himno oficial de la Copa del Mundo de Fútbol de Sudáfrica, y volvieron a coincidir durante el mundial. Aquel mismo verano se volvieron a ver en Ibiza y la atracción de unos meses atrás se materializó en un romance que fue creciendo y que se oficializó en 2011.

En 2012, la pareja ya vivía en Barcelona en un piso de la zona alta, cercana a las faldas del monte Tibidabo, aunque donde más se les solía ver era en la zona de discotecas del Puerto Olímpico. En 2012, Shakira decidió rodar el videoclip de su canción Loba en Barcelona -fue multada por circular en moto sin casco y por meterse dentro de una fuente sin permiso municipal-, y para promocionar el single hasta organizó una performance en plena calle: se bajó del coche en un semáforo, puso la música a todo volumen, y bailó en el mismo arcén.

Las cámaras de los teléfonos móviles dieron cuenta de ello.Por aquel momento, su relación con su anterior pareja, Antonio de la Rúa -empresario e hijo del ex presidente argentino Fernando de la Rúa-, estaba completamente destruida. Habían roto en buenos términos en 2010 y él continuó siendo su representante, pero entre 2012 y 2013 se vieron ante el juez para resolver sus diferencias profesionales.

En 2013 tuvo a su primer hijo y al año siguiente recuperó el pulso de su frenética actividad discográfica publicando Shakira, el siguiente disco de su trayectoria, cuatro años después de Sale el sol (2010).

Este lapso es interesante porque, hasta ese momento, la carrera musical de Shakira se había caracterizado por la hiperactividad: en la década de 2000 lanzó cinco álbumes, tres discos en directo y dos recopilatorios -más las consiguientes giras-, mientras que entre 2011 y hoy sólo han sido dos discos, un recopilatorio y dos grabaciones en vivo, incluido el documental de El Dorado.El nacimiento de sus hijos es el factor que determina en gran medida su cronología profesional y lo que explica que su principal actividad profesional entre 2013 y 2014 fuera ser juez de la edición americana del talent La Voz. Sin embargo, grabar los programas en Estados Unidos le obligaba a una rutina de viajes que hacían difícil la conciliación familiar y coincidir con Piqué, que en tanto que jugador del F.C. Barcelona también estaba sometido a una dura disciplina de desplazamientos, además del tiempo extra que ha dedicado al lanzamiento de sus negocios privados, que ha cristalizado en los últimos años en un holding de empresas -Kosmos- con intereses en el fútbol, algunos en el borde de la legalidad por su condición de futbolista federado en activo (la compra del Andorra o la nueva Supercopa de España), el tenis -la nueva Copa Davis-, la venta online -es socio preferente en España de Rakuten, el Amazon japonés- y la producción de audiovisuales y videojuegos.

ÉL, ATADO A ESPAÑA

Los negocios de Shakira, en cambio, no están tan circunscritos a Europa. Mientras mantiene los lazos con Colombia, sus intereses en moda, perfumería y otros patrocinios más allá del negocio musical le obligan a desplazarse a Los Ángeles o Miami. "No somos una pareja típica", afirmaba hace poco en una entrevista. "Es cierto que pasamos mucho tiempo lejos, pero nos comunicamos continuamente vía Facetime". Durante la gira de 2017, Shakira se llevó a sus dos hijos con ella y Piqué encajaba su agenda como podía para coincidir en cualquier ciudad alejada de Barcelona.

La crisis de pareja se explica en parte debido a la exigentes servidumbres del superestrellato en la era global.Pero también están los problemas de Shakira con Hacienda -su nombre apareció en Los Papeles del Paraíso y es sospechosa de haber evadido impuestos en España entre 2011 y 2014-, las acusaciones de plagio por el tema La bicicleta, que también le han llevado a juicio, y su deseo de mudarse a otra ciudad, algo que para Piqué es imposible a día de hoy, pues su carrera deportiva está ligada al Barça y la fase rampante de su activación paralela en tiburón de los negocios tiene como centro también España. Por ahora, parece que las tensiones se han relajado y la crisis se ha reconducido hacia una nueva fase de felicidad y estabilidad. Pero las fricciones de fondo es evidente que siguen ahí, al menos hasta que Piqué cuelgue las botas.

Fuente: Diario El Mundo España