Libro revela que las prostitutas de la antigua a Grecia debían ser bellas e inteligentes

Poco se sabe de la vida de las mujeres en la Antigua Grecia. Hasta la época clásica apenas hay representación artística femenina, como pueden ser el caso de Penélope o Escila. 

La escritora Catalina Aparicio Villalonga, licenciada y doctorada en Filosofía por la Universidad de les Illes Balears, recupera fragmentos del legado helénico en donde se muestra el machismo de la época. 

“Mas ve a casa y ocúpate de tus labores, el telar y la rueca, y ordena a las sirvientas aplicarse a la faena. Del combate se cuidarán los hombres todos que en Ilio han nacido y yo, sobre todo”, ordena Héctor a su mujer Andrómaca. De la misma forma, Telémaco explica a su madre que “lo del arco compete a los hombres” y que es él quien tiene “el poder de la casa” mientras su padre Odiseo regresa de Troya.

Pero las palabras de sometimiento y sumisión no son las únicas que se pueden encontrar. Aparicio destaca las palabras de Aquiles refiriéndose a Briseida: “¿Es que los únicos de los míseros humanos que aman a sus esposas son los Atridas? Porque todo hombre que es prudente y juicioso ama y cuida a la suya, como también yo amaba a esta de corazón”.

De todas maneras, la escritora recalca en su libro que “sería un error pensar que el amor fuese el único motivo de unión conyugal en la época homérica, ya que otros intereses más prosaicos motivaron los matrimonios”. Esos intereses serían la “necesidad de establecer alianzas entre familias, la adquisición de prestigio…”.

La aparición de las prostitutas 

Normalmente, el término 'hetera' ha sido relacionado con 'cortesana' o ‘prostituta’. Sin embargo, tal y como explica Aparicio, “las heteras griegas no cumplían con la exclusiva función de satisfacer necesidades sexuales”.

Las heteras tenían inquietudes intelectuales que les desmarcaban de las demás mujeres griegas: “Aportaban a los hombres aquello que no podían ofrecerles sus esposas”. Conformaban la excepción histórica que relacionaba a las mujeres con la ignorancia. Aristóteles, uno de los filósofos más importantes de la sociedad occidental, defendía que la mujer debía estar constantemente bajo supervisión masculina. 

Las heteras elegían a sus propios clientes y eran completamente independientes —no existía ninguna figura que les obligara a relacionarse con nadie—. De hecho, “son numerosos los estudios sobre la mujer griega que consideran a la hetera como el único género de mujer libre”. Así, destacan los nombres de Friné, Gnatena y Laide. Esta última llegó a criticar al mismísimo Eurípides.

Tras el recorrido que ofrece la profesora Aparicio Villalonga analizando a la mitad de la población griega, concluye que el hecho de relacionar a las heteras con prostitutas se debe a la herencia cultural machista. “Todavía hoy, no es raro encontrar calificativos peyorativos referidos a mujeres que transgreden la pauta de conducta que la sociedad les adjudica”, afirma. Sin ir más lejos, más de 2.000 años después de la extinción de las heteras, en 1956, el escritor y profesor Isaac Asimov criticó cómo el hecho de que una mujer llevara gafas las afeaba. “Las gafas no son simplemente unas gafas. Son un símbolo de inteligencia”. En definitiva, este tipo de obras tienen la intención de mostrar el control al que han sido sometidos durante siglos las mujeres y de cómo se las ha apartado del conocimiento.