La mezcla de bebidas que podría llevarte a la muerte

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Según un informe publicado por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, el consumo habitual de bebidas energéticas se da en casi el 70% de los adolescentes europeos de entre 10 y 18 años. 

Una cifra que no ha variado demasiado con el paso del tiempo y que continúa preocupando tanto a sus progenitores como a la comunidad científica en su totalidad. Y es que este tipo de productos se caracterizan por incluir altas dosis de cafeína y azúcar, además de otros elementos como la taurina, la L-carnitina o vitaminas del grupo B, supuestamente implicadas en la recuperación del tono muscular.

Aunque en sus orígenes estuvieran relacionadas con el mundo del deporte, en la actualidad la mayoría de consumidores recurren a ellas para aguantar las largas jornadas de estudio y trabajo, como refresco durante el aperitivo o para paliar los efectos del alcohol durante las noches de fiesta. 

En cualquiera de estas situaciones, su ingesta no resulta buena para la salud, pero es en este último caso cuando el nivel de alerta debe aumentar hasta el extremo.

Una percepción equivocada

A pesar de lo que muchos creen, las bebidas energéticas no contrarrestan los efectos negativos del alcohol como, por ejemplo, la sedación o la descoordinación motora.

El resultado es totalmente opuesto, o al menos eso han comprobado desde el Observatorio de la Comunicación Científica, en colaboración con el Centro Cochrane Iberoamérica. Tal y como resume el portal Nutrimedia de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, “el consumo de este tipo de combinado podría propiciar conductas de riesgo como fumar, tomar grandes cantidades de alcohol en poco tiempo e ingerir sustancias adictivas, así como el riesgo de adicciones”.

Unos efectos muy peligrosos para cualquier consumidor, influidos por la publicidad que 'ataca' su subconsciente sin mencionar las consecuencias que puede provocar dicha conducta. Además, el estudio antes expuesto apunta que “la mezcla de bebidas energéticas y alcohol entrañaría un doble riesgo: por un lado, podría aumentar las conductas adictivas y de riesgo; y por otro, podría no contrarrestar los efectos negativos a nivel cognitivo”. Sin olvidar los síntomas habituales de las bebidas energéticas como el insomnio, la hiperactividad, el dolor de cabeza, los ataques de ansiedad, la irritabilidad, la deshidratación y los episodios de sudoración.

Una bomba de gran impacto

Foto: Bebidas alcohólicas. (iStock)

Además de desentrañar una falsa creencia que durante años ha motivado el consumo de este cóctel explosivo, el alcohol y las bebidas energéticas tienen un efecto mucho más devastador para el organismo. Como bien sabemos, los componentes principales de las bebidas energizantes son la cafeína y la taurina, cuya función es estimular al individuo, mantenerlo en situación de alerta y evitar esos momentos de cansancio mejorando el ritmo cardíaco y la concentración. Unas cualidades que resultan muy eficaces si se recurre a ellas con moderación, pero que al entrar en contacto con el alcohol causan un cortocircuito.

Y es que el alcohol tiene la capacidad para 'deprimir' al sistema nervioso central, es decir, la intención contraria que su compañero de juegos. “Por esta razón, el cuerpo no siente en el momento los clásicos efectos de beber en exceso, y así, la persona termina bebiendo de más, llegando a intoxicaciones severas, que pueden terminar incluso en la muerte”, explican desde el portal Seguros Sura. Un desenlace que adquiere otro matiz en el caso de que la persona se vuelva adicta a este combinado. Si la presencia de bebidas energéticas se eleva hasta las cuatro o cinco latas, el paciente podrá llevar “su presión arterial al límite causando infartos y hemorragias cerebrales”, añaden.

¿Existe alguna solución?

El consumo de alcohol en menores de edad ya está más o menos regulado por las autoridades competentes, sin embargo, la compra de bebidas energéticas en supermercados y otros establecimientos todavía se encuentra en un limbo que facilita esta tendencia. Dos prohibiciones que no afectan a todos aquellos adultos que por decisión propia recurren a este tándem y que deberían adoptar la prudencia como método de control.

Bajo esta premisa, países como Reino Unido se han sumado a una campaña a favor de la limitación de edad en el acceso a este tipo de bebidas. Y es que, aunque pueda parecer algo exagerado, son muchos los niños que acuden a su centro educativo con estos productos en la mochila. En España, el último informe del Observatorio Español de las Drogas y las Toxicomanías sitúa el consumo de las bebidas energéticas en adolescentes de entre 14 y 18 años en el 40% durante el último mes. Mientras que el 47,5% lo ha hecho además incluyendo algo de alcohol en la copa.

Esta situación se agrava si tenemos en cuenta que los efectos son mucho más potentes en personas de tan corta edad. Un estudio realizado por la Universidad de Waterloo (Canadá) asegura que más de la mitad de los jóvenes que recurrieron a esta mezcla experimentaron algún efecto negativo, llegando incluso a recibir asistencia médica.

Fuente: Diario El Confidencial