Las fortalezas de Sky para dominar el Tour

La escena es familiar para todos aquellos que pasan sus tardes de estío viendo cómo los ciclistas suben y bajan por los verdes parajes franceses. En algún momento la carretera pica para arriba y hay cierta incertidumbre. ¿Atacarán al líder? ¿Servirá? Ese líder, casi a perpetuidad, corre con un maillot del equipo Sky.

El resto de invitados a la fiesta toman la carrera con precaución, entre otras cosas porque la costumbre es que estén rodeados de otros muchos con el mismo anagrama en la vestimenta.

Este año ganará el Tour Geraint Thomas, Chris Froome lo ha logrado cuatro veces y antes de ellos fue Bradley Wiggins quien franqueó París vestido de amarillo. Todos británicos, una nacionalidad de no mucha historia en el ciclismo por etapas, buenos rodadores convertidos en vueltómanos pero, sobre todo, miembros destacados del equipo Sky de sir David John Brailsford. En todos estos años hay una constante que en la historia del ciclismo resulta una enorme paradoja: prácticamente no han sufrido para lograrlo. Solo la victoria de Nibali en 2014 se cuela en esta serie histórica, un Tour en el que Froome, el cabeza de lista de Sky, se fue al suelo en la quinta etapa y dejó a su equipo sin esperanza en la carrera. Porte, la segunda bala —siempre la hay— también falló.

Es curioso, repasando ese Tour aciago del Sky, comprobar que Thomas, hoy campeón, quedó 22º a casi una hora de Nibali. No, no era un jovencito que testaba por primera vez la carrera, con 28 años uno ya no pasa por una promesa. Ese ciclista, a quien todos veían el talento pero nadie el potencial para terminar ganando la gran vuelta por etapas, conseguía así la que, hasta ese momento, era su mejor actuación en su vida en un Tour. Era un 'pistard', un corredor de velódromo de los mejores, pero tantas son las diferencias entre una disciplina y otra que casi podrían verse como deportes diferentes.

Thomas ha ganado este Tour en la carretera tras vencer a su único rival real, su jefe de filas Chris Froome. Porque lo que nadie esperaba era una derrota del Sky. No es cábala, es experiencia. Las etapas se desarrollan desde hace años de una manera similar: el ritmo es fuerte, muy fuerte, y van cayendo los corredores, pero el núcleo duro del conjunto británico siempre está ahí. El líder del Sky nunca se queda solo, los escuderos son los mejores posibles, tanto que muchos de ellos apuntarían a ganar la carrera si no fuese porque su ocupación principal no es la de gallo sino la de gregario. Cuando hay rebelión, ellos la sofocan casi automáticamente. Incluso son capaces de no resentirse por una baja como la de Gianni Moscon, un gregario con talento expulsado del Tour por broncas.

Algunos, como Porte o Landa, decidieron salir de allí para probar sus límites. Cuando se encontraron en otras formaciones, aun siendo líderes, se dieron con el muro con el que se están pegando todos los que no son el Sky. Los tres campeones de los británicos tienen características similares. No atacan con frecuencia, nunca desde lejos, no lo necesitan, pero son capaces de aguantar con soltura los ritmos altísimos que impone su equipo, con gregarios que son fortísimos rodadores como Castroviejo o Kwiatkowski, que también resisten la alta montaña. Aunque en ocasiones antes de llegar al Sky tuviesen problemas para ello.

 

El rechazo del público

El intenso dominio, y el modo de llevarlo a cabo, ha terminado hastiando a la afición francesa, que tampoco es conocida mundialmente por su paciencia. En este Tour se ha visto como rociaban a Froome con algún líquido desconocido y como, en general, hay descontento en las cunetas ante el paseo marcial del Sky. "No podemos culpar al equipo ganador por su estrategia, pero la gente quiere soñar. Quieren ver un espectáculo, y esto es un poco aburrido", contaba estos días David Lappartient, presidente de la UCI, es decir, la federación internacional de ciclismo.

Brailsford, director general del equipo, señaló como un problema cultural francés el hostigamiento a los suyos, lo cual supuso una de las muchas polémicas de este Tour, porque Lappartient le respondió diciendo que estaba echando gasolina al fuego. Hasta Lance Armstrong, al que su vergüenza no ha arrebatado la voz, le pidió al líder del Sky que se callase con su vehemente forma de hablar: "Baja el puto martillo, vuélvete al autobús del equipo y callate, tus corredores tienen que pasar por medio de esa gente".

El primer hecho diferencial entre el Sky y el resto de equipos es el dinero. Porque hay muchos más matices que explican o tratan de explicar la diferencia entre el coloso británico y el resto del pelotón, pero ninguna es tan convincente como la presupuestaria. Las cifras en el ciclismo andan faltas de transparecia, pero una estimación de 'L'Equipe' en 2016 colocaba el presupuesto anual del Team Sky en 35 millones de dólares. La media para un equipo de World Tour está en torno a 13 millones. Es cierto que hay equipos con presupuestos mayores, como el Bahrein o el propio Movistar, pero todos ellos están a cierta distancia.

 

En su primera participación en el Tour, Marc Soler ha demostrado por qué muchos lo ven luchando por la carrera a medio plazo.

En la venta del éxito también ha tenido una importante presencia la expresión 'marginal gains'. La teoría dice que una buena cantidad de pequeños detalles puede hacer de un equipo algo mucho mejor. Es una venta de una tecnificación que va desde cuestiones mecánicas a físicas, con detalles como la hidratación o la recuperación física tras la etapa. Se ha llegado a extremos bastante locos con este tema, con artículos como este de la revista 'Road' que casi iguala la táctica de Brailsford con la llegada del hombre a la luna.

Hay algo de fe en todo esto, aunque es evidente que con Sky, especialmente con Froome, hay detalles que han cambiado el ciclismo para siempre. Ahora son más seguros, más fiables y, probablemente, más aburridos. El británico, de origen keniano, pasará a la historia como el primer corredor que subía mirando el pulsómetro y controlando sus constantes vitales. Si le atacaban, pero la máquina le decía que no se cebase, él seguía a ritmo, tranquilo, que ya caerían. Asombroso éxito, hablamos de alguien que ha ganado cuatro veces el Tour y una el Giro y la Vuelta. Y todo ello después de superar una durísima enfermedad en su juventud causada por un parásito y siendo un ciclista que, de joven, no apuntaba nada o casi nada de lo que luego supo desplegar.

 

Las dudas reputacionales

Otro de los puntos fuertes del Sky es que siempre ha sabido actuar como un equipo. El último ejemplo, quizá el más claro, en este mismo Tour. Mientras Nairo Quintana, el mejor escalador de su generación, era solo uno más de los líderes del Movistar, un equipo fuerte plagado de intereses personales, Froome asumía con naturalidad que la carretera, este año, ponía a su compañero y amigo Geraint Thomas en el lugar de privilegio. Cuando tuvo que ayudar, lo hizo, ni una mala palabra, ni un dardo, la asunción de que es solo un engranaje más en el equipo a pesar de que él, más que nadie en el pelotón, ha demostrado ser capaz de ganar una gran vuelta. "Mientras uno de los dos gane estará bien", decía Froome durante este Tour.

Sky nació con lemas contra el dopaje, hablando del nuevo ciclismo y de la importancia de la limpieza en el deporte, como todos los equipos ciclistas de siempre, por otro lado. La reputación es más cuestionable, y en los últimos meses se han dado episodios que ponen en duda la hoja inmaculada de servicios del Sky. El caso más evidente, el de Chris Froome, que ha logrado esquivar una sanción por el exceso de salbutamol que dio en la Vuelta a España. La UCI le ha dado la razón, pero igualmente se ha encontrado un análisis anómalo y la existencia de una exención terapéutica, algo común pero no siempre bien visto.

Más contundente es un informe de la Cámara de los Comunes británica, que destaca malas conductas relacionadas con el dopaje en el Tour de Bradley Wiggins y ataca directamente a David Brailsford, el patrón del equipo. "Para mucha gente, la historia completa de aquel paquete parece poco probable, por decirlo de alguna manera", apunta el informe. "Más información recopilada por el comité señala que el producto que fue requerido para llevar al evento era triamcinolone [un corticoide]", explica el documento que fue publicitado por el Parlamento Británico.

 

La estructura es tan potente que no solo se conforma con pensar cada año en el Tour y ganarlo, también establece las pautas para que en los años siguientes se siga el mismo patrón. Ahí entra la nueva gran figura del ciclismo mundial, Egan Bernal. Tiene 21 años y ha sido clave para que Thomas gane ese Tour. Como gregario le ha dirigido en las montañas más duras y aparece como el primer recambio de futuro para que la maquinaria siga engrasada. Es algo diferente al tipo de ciclista que estos años, más escalador que rodador, pero con su talento ha sido capaz también de auxiliar a Froome para que no perdiese el podio.

"He buscado y buscado un corredor que sea el próximo Froome, mi elección es Bernal, él es quien quería tener en nuestro equipo, sin ninguna duda, y es nuestro futuro", explica Brailsford en un artículo en 'The Guardian'. "Mi responsabilidad como jefe de equipo es mirar dos o tres temporadas en adelante, y ya tengo el equipo que quiero para esas temporadas", señala el patrón que, por supuesto, no comenta que para sacar al colombiano de un pequeño equipo italiano ha pagado casi 400.000 euros, una cifra bastante alta para un deporte en el que los traspasos no son costumbre. Claro que, si se tiene dinero, todo es más fácil.